FELIZ NAVIDAD

sábado, 26 de enero de 2013

La prosperidad como fruto de la actitud de nuestros padres


Teotia sobre causas de la actual crisis




Llega a mis manos el siguiente artículo, donde el autor expone unas teorías de las causas de la actual crisis. Me limito a transcribirlo y que opine el lector su conformidad o desacuerdo. Sería conveniente que este blog se enriqueciese con los comentarios que quieran aportar los lectores y que se encuentran en la parte inferior de cada artículo; siempre con el respeto que merecen las opiniones que no se compartan.   

 
“¿Quiénes son los pobres? "Los nietos de los ricos”.
                          (Aforismo castellano)

Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos. Y no tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres, y una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.

Recuerdo que hace años, un empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años 70. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así centrada, no hay quien la pare” Este pensamiento me hizo reflexionar entonces y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles. Son una generación que compraba las cosas cuando podía y del nivel que se podía permitir, que no pedía prestado más que por estricta necesidad, que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba algo”, que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles. Sabían que el esfuerzo tenía recompensa y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades y seguir viviendo en armonía y respeto.

Y cometieron los dos peores errores imputables a esa generación:

1) “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos la cultura del esfuerzo y del mérito de un plumazo, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.

 
2) “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. Con lo que mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las cuentas corrientes de sus padres, que daban la impresión de ser inagotables y que los bancos eran unas fuentes inagotables de hipotecas, rehipotecas.

Y entonces, eclosionó nuestra generación (yo soy del 67). La generación de los nuevos ricos, la generación de “los pelotazos”, del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de “papá dame”.

Y todos nos volvimos ricos (en apariencia), todos nos convertimos en gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas reconstruidas al aroma de los almendros al atardecer. ¿Y qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega Sicilia sin fase de descompresión. El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico, que adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de roble. Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euro, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto, como ocultar la ignorancia!


Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”.
Increíble pero cierto.
 
¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres un cutre. Mira, nosotros debemos ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.

- Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… Ojalá yo algún día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audi, BMW para los españoles.

Irrumpió Europa en nuestras vidas y llegó en forma de mega infraestructuras que producían mega comisiones para todos los involucrados. ¡Viva el cazo! ¡Viva el yerno del Rey! ¡Que se besen los padrinos! Además llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar viñas y luego a los dos años otra fortuna por arrancarlas. Que llegaba un momento que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿Qué toca este año?
 
Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y “que no pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo que esto es imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la sacrosanta constitución.

De la siguiente generación mejor no hablar (lo dejaré para otro post). Esa es la generación que dice el aforismo que será pobre, por ser nieta de ricos.


Si somos incapaces de volver a los valores con los que se construye una sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí, cargados de reivindicaciones.
En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo. Y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más. Debe ser que la sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner las cortinas cosidas por nuestra madre, con ayuda de la abuela, trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo llamaban así) no debía ser mala receta.
 
Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres y son incapaces de imaginar los nietos.

Estamos a tiempo de cambiarlo, pero cada vez tenemos menos. Podemos encontrar maestros en casa.


Fernando Sánchez Salinero

 

martes, 8 de enero de 2013

Comenzamos un nuevo año


Recibimos un año más

 

Comenzamos un año más dando por terminadas estas fiestas que nos llevan otra vez a la vida cotidiana. Durante estos días hemos dado rienda suelta a los sentimientos de amor, paz y felicidad, propios de estas fechas, y ahora vuelven a aflorar en nosotros aquellos sentimientos de angustia y preocupación que ya generábamos antes de la Navidad: la situación del país, la crisis económica, la pérdida de bienestar social, el paro, desmantelamiento de lo público por lo privado etc.  Hemos vivido estos días mágicos con una máscara que nos hacía vivir lejos de lo cotidiano. Esto es un poco la magia de la Navidad.

En estas fechas hemos abusado de una sobrealimentación que trae consigo tales eventos. Ante ese aumento de peso corporal hacemos proyectos para volver a nuestro estado anterior: andando más, disminuyendo la cantidad de comida y otros , los menos, acudiendo a algún gimnasio.

Los ya mayores, en estas fechas de felicidad,  también pensamos en ese futuro, cada vez más corto e incierto. Vemos que nuestra presencia en esta vida, como consecuencia de la edad, achaques y limitaciones,  despunta y se orienta a una cuenta atrás del camino. Esto es así, y es la gran verdad de este vida: dar paso unas generaciones a otras. Todos nacemos para morir, más tarde  o más pronto; es esa una verdad auténtica.  

Desde este blog tratamos de hacer más felices e informados a todos aquellos que nos visitan. Que este 2013 superemos y podamos desterrar de nuestro entorno esos sentimientos de angustia y preocupación.
 
¡¡FELIZ AÑO 2013!! y  mucha salud para todos.

                           =Alfio Seco Mozo=

domingo, 6 de enero de 2013

Las prestaciones subirán un 1% y el 2%para los jubilados que cobren menos de 1.000 euros al mes

 Noticias sobre pensiones




La pensión máxima se situará en 35.673 euros al año en 2013
 
 
El Gobierno ha formalizado el viernes 28 de Diciembre la subida del 1% de las pensiones para 2013, y del 2% para los jubilados que cobren menos de 1.000 euros al mes. También ha establecido las cuantías de las pensiones mínimas de jubilación, fijadas a partir de 7.812 euros al año, y las máximas, que no podrán superar los 35.673,68 euros. En cuanto a las pensiones no contributivas, se situarán en 5.108,60 euros.
 
La subida de las pensiones se produce después de que el Gobierno haya decidido no pagar a los más de 8,1 millones pensionistas por la desviación de la inflación en 2012. Esto supone, en la práctica, una bajada de las pensiones. En enero de 2012 las pensiones también subieron un 1%. Pero, según la norma, había que esperar a noviembre para saber cuanto suben finalmente los precios y revisar la subida inicial. Y la inflación se situó en el 2,9% en noviembre.Esto suponía que el Gobierno debía pagar la diferencia. Y decidió no hacerlo. Traducción: los pensionistas pierden este año poder adquisitivo.


No obstante, el Ejecutivo no ha congelado las pensiones en 2013, como hizo Zapatero en 2011. En 2013 subirán un 1%, el mismo aumento que se adoptó para 2012, tal y como ya estaba previsto en los Presupuestos. Para aquellas prestaciones que no superen los 1.000 euros, que suponen el 70% del total o 6,6 millones de pensiones, el alza será del 2%.

En el cuadro incluido en el real decreto aprobado hoy por el Consejo de Ministros se fija la pensión mínima de jubilación para un trabajador de 65 años en 8.383,20 euros al año. También se establecen las cuantías mínimas de las pensiones por incapacidad permanente, viudedad y orfandad (ver