sábado, 14 de octubre de 2023

El diálogo como comunicación humana

 

CONVERSAR


La conversación entre personas es un aspecto fundamental de la comunicación humana. Se refiere a la habilidad de mantener y sostener un diálogo preciso y fluido con otros individuos. La conversación efectiva implica un equilibrio entre escuchar y hablar, y requiere habilidades de comunicación, empatía y respeto.

Hay personas que hablan mucho pero no escuchan, en una palabra no saben dialogar. Para que se efectúe un auténtico diálogo tiene que haber comunicadores y receptores recíprocamente, es decir, que ambos alternen en ambas acciones, de lo contrario dicho diálogo se convierte en un monólogo.

En un diálogo o conversación entre personas tienen que existir unas normas para que sea un auténtico diálogo. Estas son:

Escucha activa: La escucha activa es un elemento clave en la conservación. Significa prestar atención completa a lo que la otra persona está diciendo. La escucha activa requiere evitar interrupciones, así como cierta habilidad para escuchar con atención plena el mensaje del interlocutor.

Empatía: Ser capaz de entender y compartir los sentimientos de la otra persona es esencial en la conservación. La empatía implica ponerse en el lugar del otro, mostrar comprensión y respetar las emociones y perspectivas de la otra persona. La empatía fortalece las relaciones entre personas.

Respeto mutuo: El respeto es fundamental en cualquier diálogo. Implica reconocer la igualdad de valor y dignidad de cada persona involucrada en la conversación. Respetar las opiniones y perspectivas de los demás, incluso si difieren de las propias, es esencial para mantener una conversación constructiva y respetuosa.

     Equilibrio en la participación: Una conversación saludable implica un equilibrio en la participación de ambas partes. Es importante permitir que todas las personas involucradas tengan la oportunidad de hablar y compartir sus puntos de vista. Evitar monopolizar la conversación y dar espacio a los demás para expresarse fomenta un diálogo equilibrado y enriquecedor.

Al desarrollar estas habilidades, podemos mejorar nuestras relaciones interpersonales y construir una comunicación más saludable y satisfactoria.

En mi pueblo se charlaba en las fraguas, especialmente en días de lluvia, al son del macho en el yunque y del chasquear de la reja en el agua. Era tiempo propicio para abuzar las rejas y de darle al palique sobre anécdotas o noticias que acaecían en la vida diaria. También se charlaba en las zapaterías, al ritmo de puntadas de lezna y bramante untado con pez, y en las carpinterías bajo el ruido de sierras, martillos y mazas. Ya no existen ni esos lugares ni tampoco tales interlocutores, falta gente y sobran prisas. Sin olvidarnos de aquellas noches de verano que se salía a la puerta a tomar el fresco junto a los vecinos, Se llevaban a cabo las correspondientes tertulias que a veces declinaban en mordaces críticas hacia otros vecinos. Un conocido mío de otro pueblo me decía cierta vez que las críticas en los pueblos eran el “deporte nacional”, yo le decía que no era para tanto.

Muchas casas tienen un solo morador. Cuando se echa la noche los cerrojos levantan lindes entre la soledad y la calle. Largas veladas a solas, pero es imprescindible conversar con los demás para que la salud mental no se encasille en los límites de los malos pensamientos, para resolver preocupaciones que se alimentan con el tictac del reloj en tales estancias.  No confundamos, conversar no es  escuchar a tertulianos en la radio o en la televisión. Entre mayores, es bueno verse cara a cara aunque solo sea para cambiar impresiones sobre el tiempo, compartir las dolencias recíprocas que se sufren, comentar y recordar la vida en otros tiempos etc. son comportamientos que enriquecen esa continuidad de la vida. Tener las mismas sensaciones de alegría o de tristeza, ante parecidas situaciones ,ayuda y anima. Un amigo que había pasado por una fuerte depresión me dio un consejo: si alguna vez te pasa, no te encierres en casa, sal fuera y habla con la gente: ”tener con quien hablar es un enorme paracaídas para la salud”. Algunas veces, en mi pueblo y a altas horas de la noche, sorprendían a dos locuaces paisanos charlando en medio de la calle. Habían cerrado los bares y volvían de regreso a sus casas haciendo escalas de trecho en trecho. Paraban, echaban un cigarro y seguían con la conversación.

Coincidí y participé algún año en mi pueblo en la recolección de la uva, mejor dicho en la vendimia, Allí, aparte de vendimiar, se dialogaba abundantemente. Alrededor de las cepas era un lugar propicio para tertulias, era, tal vez, un recurso para que la jornada se hiciera más corta, Allí se relataban historias que los jóvenes no conocíamos, como aquella que aun recuerdo sobre el baile en San Román en otra época. Contaban que en otros tiempos había dos salones de baile, uno para los de derechas y otro para los de izquierda. Noticia que me impacto enormemente. ¡Qué penoso! Qué forma de lastrar una buena convivencia entre paisanos. Parece mentira que la política pudiera romper toda relación entre personas nacidas en el mismo entorno.