miércoles, 16 de julio de 2025

Las piedras

 ¡Si las piedras hablaran!

 

Granito



Mármol



                                       

Zafiro

       


    Las piedras son testigos silenciosos de la historia del planeta, con millones o incluso miles de millones de años de antigüedad. Desde las rocas ígneas formadas por la lava solidificada hasta las preciosas gemas como el diamante y el rubí, cada piedra tiene una historia única que contar.

       Las piedras tienen orígenes fascinantes y diversos, dependiendo de su formación geológica. Se pueden clasificar en tres grandes tipos:

1._ Rocas ígnea:

       Se forman a partir del enfriamiento y solidificación del magma o lava. Cuando el magma se enfría bajo la superficie terrestre, se generan rocas plutónicas (como el granito), mientras que cuando la lava se enfría en la superficie se crean rocas volcánicas (como el basalto).

2 ._Rocas sedimentarias:

       Se originan por la acumulación de sedimentos como arena, arcilla, restos de organismos y minerales transportados por el viento o el agua. Estos materiales se compactan con el tiempo y forman rocas como la caliza y la arenisca. Muchas de estas rocas guardan fósiles que nos cuentan historias de tiempos antiguos.

3._ Rocas metamórficas:

       Son rocas que han experimentado cambios debido a la presión y el calor extremo dentro de la Tierra. Por ejemplo, el mármol proviene de la transformación de la caliza, y el granito puede convertirse en roca de estructura pizarrosa.

       Hay muchas clases de piedras y muchos dichos sobre ellas. Jabalunas del color de la piel del jabalí cuando se moja. Molares de los molinos. Preciosas. Almendrillas de las vías y carreteras. Majanos en tierras labrantías. Las que forman cercas, las de los cauces de los ríos, variadas de color y redondeadas por el arrastre de corrientes y torrentes. Las de las umbrías, que ofrecen posada verde al musgo y las de las solanas lugar de esparcimiento de las inquietas lagartijas.

       Antes del cemento y alquitrán empedraban las calles. No todas, sólo las principales.  Las que quedaban de tierra generaban polvo en días de viento y de barro en tiempo lluvioso a los transeúntes. Cuando empedraban alguna calle o corral las traían con carros y las iban dejando en montones a trechos. Yo era niño, pero admiraba la pericia que mostraba el maestro albañil para buscarle acomodo a cada una de ellas. Las miraba, les daba vueltas y las colocaba en el sitio justo.  Una labor artesanal, con las rodillas en tierra. Pocos coches las transitaban entonces, pero si animales de labranza y carros que eran los usuarios más frecuentes. Del roce de los aros de hierro de las ruedas y de las herraduras de la caballería saltaban chispas a su paso, más visibles a la hora del regreso a casa, al anochecer.

       Las piedras nos sirvieron a los niños para nuestros juegos: como la rayuela. De postes de las porterías de fútbol -sobre las que dejábamos la ropa que nos iba sobrando-. Con las más planas cortábamos el agua del arroyo lanzándolas sobre su superficie, como pez que se alejaba a saltos. Para jugar a la “tarusa” en carencia de petacos de hierro. Como munición de nuestros tiradores de goma y como no decirlo, dado nuestro espíritu bélico y primitivo, algunas veces, apedreábamos a los de otra escuela. Las utilizábamos también, a falta de monedas, para decantar la suerte a cara o cruz, escupiendo en una de sus caras.

       Cuando el hombre deja de vivir en cuevas y chozas emplea la piedra para hacer su vivienda, destacando su uso como el material de construcción preferente. Las empleaba en la cimentación del edificio, así como para hacer fachadas, tapias y cercas.  Actualmente se sigue empleando la piedra para obras civiles como puentes, pantanos etc.

       Hay terrenos cultivables muy pedregosos. Me viene a la memoria el pago de San Román, nuestro pueblo, llamado “Monte Viejo”, donde el labrador sanromaniego ha cultivado siempre luchando con las piedras o cantos de grandes proporciones que allí existen. En terrenos muy pedregosos, se pueden usar máquinas especiales llamadas recolectoras de piedras para retirarlas antes de sembrar. Aunque puede dificultar el trabajo agrícola, estas piedras pueden aportar los siguientes beneficios:

Ayudan al drenaje del suelo: al evitar que se acumule agua, lo que es crucial para ciertos cultivos.

Preservación de humedad: Las piedras pueden actuar como reguladores térmicos, reduciendo la pérdida de humedad del suelo en áreas secas.

Riqueza mineral: Algunas rocas contribuyen a la composición mineral del suelo, mejorando su fertilidad.

Las piedras absorben calor durante el día y lo liberan por la noche: creando un microclima que puede ser favorable para ciertos cultivos.

   Una buena opción para cultivar en terrenos pedregosos es elegir plantas que pueden crecer bien en este determinado suelo, como viñedos, olivos o almendros. Estas plantas tienen raíces fuertes que pueden penetrar fácilmente entre las piedras.

       Hemos de mencionar el concepto de energía de las piedras” que se basa en la idea de que las piedras almacenan y canalizan energía debido a las estructuras minerales que las componen. Esta creencia ha sido relevante en diversas culturas y prácticas espirituales, donde se cree que cada piedra emite vibraciones únicas que pueden influir en nuestra salud y bienestar. La litoterapia es una práctica que utiliza piedras para equilibrar la energía del cuerpo. Se basa en la creencia de que cada piedra posee propiedades curativas únicas que pueden influir positivamente en nuestro bienestar físico y emocional. Mientras que algunas tradiciones culturales atribuyen propiedades curativas y energéticas a las piedras, la ciencia aún debate sobre la existencia de esta energía. Esta dualidad entre creencias espirituales y análisis científico enriquece nuestra comprensión del papel de las piedras en nuestras vidas.

       Por último, dan ganas de eso, de ser piedra y apartarse de esta locura de vida donde algunos paranoicos con mucho poder y más odio están ensuciando los atributos que nos distinguen como personas para convertirnos en víctimas de sus delirios. Ahora hay que prepararse, nos avisan, para la guerra que estos megalómanos pueden provocar.

 Poema:

Como Tú. ( León Felipe)

Así es mi vida,

piedra,

como tú. Como tú,

piedra pequeña;

 como tú,

piedra ligera; como tú,

 canto que ruedas

 por las calzadas

 y por las veredas;

 como tú

guijarro humilde de las carreteras;

como tú,

que en días de tormenta

te hundes

en el cieno de la tierra

y luego

centelleas

 bajo los cascos

y bajo las ruedas;

 como tú, que no has servido

para ser ni piedra

de una lonja,

ni piedra de una audiencia,

ni piedra de un palacio,

ni piedra de una iglesia;

como tú,

que tal vez estás hecha

 sólo para honda,

piedra pequeña y ligera…

sábado, 8 de marzo de 2025

El lenguaje de las manos

 

Las manos también hablan

 


Manos



El lenguaje de las manos es una forma de comunicación no verbal que se utiliza ampliamente en diferentes situaciones. Esta comunicación puede incluir gestos, movimientos y posiciones de las manos para transmitir información, emociones o intenciones. El lenguaje de las manos es una herramienta poderosa en la comunicación, permitiendo a las personas expresar y comprender información de manera más completa y efectiva, incluso en ausencia de palabras habladas

Según los expertos en comunicación, las manos también hablan. Y es que nosotros lo hacemos con ellas al querer acompañar o enriquecer nuestro mensaje, transmitir emociones, separar partes del discurso, etc. Es decir, el lenguaje de las manos tiene múltiples significados que podemos descifrar. Cuando hablamos, la mayoría de las veces lo hacemos gesticulando con las manos y con otras partes del cuerpo. Los buenos oradores utilizan sus manos para enriquecer su discurso o para generar mayor confianza entre sus oyentes.

En este artículo, nos centraremos en el lenguaje de las manos, entendiéndose este como todos aquellos gestos que hacemos con las mismas para acompañar nuestras conversaciones y diálogos, descubriendo sus funciones más destacadas y algunas de sus posibles interpretaciones.

Las manos nos ayudan mucho a enriquecer el mensaje. Así, nos sirven para ilustrar y aportar información extra al mensaje que queremos transmitir.

Si nos fijamos, tanto políticos como presentadores, actores u oradores utilizan especialmente sus manos a la hora de hacer discursos o presentaciones. Lo hacen para enfatizar alguna parte de su discurso o para transmitir algún tipo de mensaje complementario que, si conocemos el lenguaje de las manos, sabremos descifrar.

De esta forma, los gestos que utilizamos con las manos no son meras descargas energéticas; cada uno de ellos tiene un significado y función. Según los expertos en este ámbito, las interpretaciones acertadas que podemos dar serían las siguientes:

Mostrar las manos:

Cuando las manos se exponen al público, se genera una mayor confianza, así como una muestra de honestidad y transparencia, En cambio, las manos ocultas en los bolsillos, por ejemplo, o detrás de la espalda, inspiran menos confianza.

 Cerrar las manos;

Cerrar la mano y apuntar con el dedo es uno de los gestos más desagradables posibles, comparable con un golpe simbólico a quien se señala. Además, añade, “el puño cerrado puede ser catalogado como muestra de hostilidad.”

Tocarnos la cara:

Llevamos la mano a la cara (a los ojos, boca, nariz, cuello) podrían relacionarse con la duda, la incertidumbre y la falta de seguridad. También pueden tener relación con ocultar información, de forma consciente o inconsciente, o ansiedad.

Palmas hacia abajo:

Colocar las palmas hacia abajo con los dedos enderezados es un gesto que impone autoridad a los interlocutores. También pueden indicar desafío o dominación. Así que cuando una persona emite este gesto mientras habla, es posible que indique que no va a ceder.

Manos en la espalda:

Colocar las manos en la espalda en general muestra una gran dosis de confianza en uno mismo. También puede sugerir que la persona está a la espera de algo o que tiene expectativas en relación a algo.

Agitar las manos:

Agitar las manos al hablar se utiliza para dar énfasis a lo que dices. En general, se trata de un gesto autoritario. Puede significar también que la persona que lo emite ha tomado una decisión (y que es probable que no la cambie).

Frotarse las manos:

Otro gesto típico del lenguaje de las manos es el que implica frotárselas. Cuando juntamos y apretamos las manos estamos intentando mantener el control, ya que nos encontramos nerviosos o incómodos. Se trata, en cierta manera, de decirnos a nosotros mismos: “todo irá bien“. En cambio, tener las manos juntas con los dedos entrelazados denota ansiedad y frustración.

Manos en las caderas:

Colocar las manos en las caderas es un gesto que puede confundirse con hostilidad, pero la mayoría de veces implica una posición de alerta. Esta posición de las manos (y del cuerpo) también puede ser entendida como una demostración de autoridad, superioridad, firmeza o control de la situación (por ejemplo, se trata de un gesto típico de militares).

Manos en los bolsillos:

Denota pasotismo, timidez… en resumen, que no tienes muchas ganas de conectar con la otra persona.

 Poner la mano en la nuca: 

    Llevar la mano a la nuca demuestra una situación abatida de fracaso e indecisión, algo que en público no solemos permitirnos.

La mano tocando la parte inferior de la cara: 

El dedo índice sobre un diente delantero inferior, la boca ligeramente abierta, o un dedo bajo el mentón, son signos que suelen significar perplejidad.

    Por último: Las manos pueden tocar, acariciar, sentir, agarrar, sujetar, manipular, pueden aplaudir, abrazar, trabajar, escribir, temblar, sudar, partir el pan, pueden también pegar, arañar. Unas manos privilegiadas pueden crear arte tocando un violín o piano, escribiendo un buen libro, o pintando un majestuoso cuadro.

 

Vicente Aleixandre (poema a las manos)

 

Mira tu mano, que despacio se mueve,
transparente, tangible, atravesada por la luz,
hermosa, viva, casi humana en la noche.
Con reflejo de luna, con dolor de mejilla,  con vaguedad de sueño
mírala así crecer, mientras alzas el brazo,
búsqueda inútil de una noche perdida,
ala de luz que cruzando en silencio
toca carnal esa bóveda oscura.

No fosforece tu pesar, no ha atrapado
ese caliente palpitar de otro vuelo.
Mano volante perseguida: pareja.
Dulces, oscuras, apagadas, cruzáis.

Sois las amantes vocaciones, los signos
que en la tiniebla sin sonido se apelan.
Cielo extinguido de luceros que, tibios,
campo a los vuelos silenciosos te brindas.

Manos de amantes que murieron, recientes,
manos con vida que volantes se buscan
y cuando chocan y se estrechan encienden
sobre los hombres una luna instantánea.