martes, 5 de mayo de 2020

Seguimos luchando contra el virus Covid-19


Unidos venceremos



Van pasando los días, ya casi 40, en este monótono confinamiento en nuestros hogares. Como bien me decía un amigo: “mejor estamos en casa que en un hospital”. Parece imposible que los que antes presumíamos de ser poco caseros: con paseo matinal, compra, partida de 3 de la tarde, estemos venciendo aquellos hábitos sometiéndonos a esta reclusión con convicción y así evitar, dada nuestra edad en declive, el contagio de la epidemia que nos rodea. 


Son muchas las limitaciones a las que nos somete esta pandemia de índole mundial, algunas de tipo social que nos aleja de aquellos amigos cotidianos, pero creo que las que más añoramos son la ausencia en nuestras vidas de hijos y nietos. A veces, suplimos esta ausencia, aprovechando los grandes medios de comunicación actuales, (móvil, videoconferencia, skipe), aunque muy alejados todos ellos de suplir ese calor físico y presencial de una familia reunida. Claro que, pensándolo bien, aunque sea una paradoja, no ser visitado por hijos y nietos se convierte en un acto de amor ya que los besos y abrazos son armas arrojadizas del virus.  

Me paro a pensar, a veces, que todo que nos está pasando es un aviso en defensa de esta Naturaleza que tanto maltratamos: contaminando la atmósfera, los ríos, los mares, y todo nuestro entorno. Tenemos un excesivo consumismo y creíamos controlar todas las fuerzas y recursos de la madre Naturaleza, ¡Qué incautos!, Ésta ha descargado un rayo de ira sobre nosotros en forma de un virus, que surge imprevisible, inesperado e incontrolable, y que nos está haciendo débiles e impotentes ante tal combate.

A la caída del sol en esta primavera rompemos nuestro silencio con aplausos, en un gesto de gratitud hacia nuestros sanitarios, que arriesgan su vida en su contacto directo con enfermos infectados por el “coronavirus”. Son muchos los sanitarios que han sido infectados en Centros de Salud y Hospitales, yo mismo he vivido dicho contagio sanitario en la persona de un hijo. Esos aplausos de coraje vienen acompañados de miradas, saludos y gestos cómplices entre vecinos que, pese a vivir en la misma calle, quizá no nos conocíamos, pero ahora nos sentimos unidos ante un enemigo común, reflejando en nuestros rostros blancos y pálidos un signo de esperanza. Me enorgullece el saber que en mi pueblo también se tiene este gesto diario, de agradecimiento al personal sanitario que está ejerciendo una ardua labor, arriesgando sus vidas, con tal de salvar las de los demás.

Son muchos los amigos y conocidos que nos han dejado, no han podido vencer esta pandemia. La muerte siempre es triste para los familiares y amigos del difunto, ahora se le añade a esa tristeza la soledad de los entierros. El Ministerio de Sanidad ha prohibido los velatorios, tanto en lugares públicos como privados y domicilios particulares. Se limita el número de acompañantes a tres allegados. Las iglesias han cerrado y los muertos salen por la puerta de servicio de esta vida. No hay acompañamiento de amigos, familiares, ni cortejo fúnebre en ese último adiós. Aunque nos duela es necesario para evitar males mayores, lo que no quita el sentimiento de impotencia y desgarro que produce. Evocamos la rima de Bécquer… ¡Qué solos se quedan los muertos…y sus familias!
Me ha llegado un video que me ha impresionado, son las manifestaciones de una española, hija de padre español y madre japonesa, sobre los comportamientos y respuestas que da la sociedad japonesa a la hora de afrontar una crisis como esta:
Se pregunta ¿Por qué Japón con 130 millones de habitantes y su proximidad a China no ha tenido un crecimiento de coronavirus exponencial, como por ejemplo España e Italia? Ha tenido una propagación sólo lineal. Parece algo inexplicable ya que es un país sujeto a catástrofes como: terremotos, tifones, tsunamis etc. Sin embargo, el comportamiento y la cultura individual del japonés tiene siempre como horizonte LA COLECTIVIDAD: “El bien del todo es más importante que el bien de una parte”, es decir que cada individuo contribuye al bien común de todos.
Deberían tomar ejemplo nuestros políticos de esa “colectividad” del pueblo japonés. Es bochornoso que, tanto el partido del gobierno como los de la oposición, en la jornada del día 9 pasado en el Congreso de Diputados, se culpaban ambos de las muertes del “coronavirus”. Creo que las actitudes de nuestros políticos se parecen a un mundo de locos: los grupos independentistas. más otro extremista de derecha votan “no” a la segunda prórroga del estado de alarma, pero no porque la vean innecesaria sino por espíritu de contradicción. Éste último, se limita a judializar todo, no aportando nada positivo a esta crisis, solo un proyecto anticostitucional y poco democrático para destituir al Gobierno. Lo único viable, legal y democrático para derrocar al Gobierno, con mayoría simple, es plantear una moción de censura en toda regla, como le fue planteada al anterior presidente Rajoy.

Las críticas a la acción del Gobierno son no solo legítimas, deben de se imprescindibles en tiempos de democracia, pero no una oposición lanzando acusaciones duras, insinuaciones desleales que están degenerado en pura miseria electoral. Podría añadir algo más: lo que estamos observando en el Parlamento es una insensatez, así como una irresponsabilidad grave de sus señorías, ya que desmoraliza al ciudadano de a pie que lleva 40 días con responsabilidad y paciencia este confinamiento. En una palabra, el pueblo español, que se muestra paciente, responsable y resignado en casa en su aislamiento, no se merece este tipo de políticos.

El “coronavirus” no entiende de colores ni de partidos, ni de pobres ni ricos, a todos nos afecta por igual. Tanto Gobierno como oposición tienen la responsabilidad de ir juntos y unificar criterios para vencer esta pandemia, y juntos tomar medidas ante los efectos nefastos que sufrirá nuestra pobre economía.

Como persona, entrando en eso mal llamado tercera edad, hago un llamamiento a todos los de mi generación y más mayores, para que se queden en casa y no salgan a la calle, que lo más necesario se lo compren sus hijos o vecinos. Somos por nuestra edad los más vulnerables, circunstancia esta por la cual debemos extremar todas las precauciones necesarias para no coger este dañino “coronavirus”. 


jueves, 26 de marzo de 2020

El coronavirus nos acecha



Venceremos al Covid-19



Es primavera, son las 12 de la mañana, desde mi casa observo la calle en un silencio sepulcral, solamente ese silencio es perturbado por algún coche de policía o ambulancia. Ya no se detecta ese circular de personas y vehículos que antes de la “pandemia” concurrían dando vida a este entorno. A lo lejos, un hombre cargado de bolsas circula en solitario, posiblemente viene de comprar alimentos de un súper próximo; La mascarilla le cubre dos tercios de la cara, haciéndole invisible a los demás, y en su forma de andar se nota en él cierto temor a esa soledad que le circunda, una soledad fruto de ese virus que azota esta ciudad y muchas ciudades del resto del Mundo: es el virus que los científicos han nombrado Covid-19, encuadrado en la familia de los Coronavirus.

Esta primavera está pasando inadvertida para las personas, da la sensación de que se ha presentado este año por error o equivocación. La preocupación y el aislamiento no nos permite admirar la belleza que refleja en los parques, caminos y campos; la sangre la tenemos alterada por otros motivos. Igualmente, esta pandemia está anulando los eventos sociales propios de esta época: Fallas en Valencia, Semana Santa, Feria de Sevilla etc. En una palabra, las fiestas traen consigo una manifestación de multitudes y alegría que el aislamiento y el estado de ánimo lo hacen incompatible.  

Es sorprendente, en este siglo XXI,  creíamos que el hombre controlaba todos los virus y epidemias de este Mundo, dados los grandes conocimientos que posee a través de grandes progresos en investigación, aparece un nuevo virus, hace tres meses, con origen en China y, por ahora, no es capaz de buscar el antídoto (vacuna). 

Es importante cómo luchamos contra la enfermedad. Toda vida merece lo mejor. Aquí no hay colores ni ideologías. El gesto de muchos españoles nos dice la solidaridad y buenos sentimientos de muchas personas. Son muchos los compatriotas que, haciendo gala de su profesionalidad y entrega, están haciendo grandes esfuerzos, hasta poniendo limites a su vida por los demás; son muchas las profesiones, aparte de nuestros sanitarios, que aquí no voy a nombrar por temor a omitir alguna, que la sociedad siempre les agradecerá. En el modo de luchar contra la enfermedad nos dice de las personas como y quienes somos.
Al resto de los ciudadanos no nos queda otro consuelo que este aislamiento, para evitar ese contagio a nosotros mismos y a los demás, ya que podemos tener ese Covid-19 incubado en nuestro cuerpo sin aun manifestarse y actuar como agente transmisor. Debemos de ser responsables en el cumplimiento de las normas que las autoridades sanitarias nos ordenen.    

Siempre que se produce una crisis, de cualquier tipo, de orden mundial, como esta, las primeras reacciones es pensar que por aquí no llegará. Ya no podemos rehusarla. Esto es algo que no habíamos previsto y nos ha pillado por sorpresa. Nos enfrentamos a la enfermedad y, en algunos casos, a la muerte. Es lógico que tengamos miedo, pero nos consuela y reconforta el saber que hay personas, grupos de personas, que la están afrontando con coraje y con una gran humanidad. 

Comprendo que este aislamiento que llevamos en nuestras casas nos produzca reacciones de enfado y mal humor, en una palabra, actuamos con unos comportamientos poco propios en nuestra vida cotidiana y de nuestra manera de ser.  Con lo que tenemos encima, no deben de ser tiempos de enfrentamientos, ni de descalificaciones a nuestras autoridades, ni de ira, deben ser tiempos de reconciliación, hasta en los enemigos políticos, para conseguir, con la unión de todos, la resolución de este gran problema que es combatir al virus Covid-19. Cuando todo esto pase, será tiempo de juzgar errores o negligencias, si las ha habido, tanto de nuestras autoridades estatales como autonómicas, sin olvidar, ante la escasez de material sanitario, la responsabilidad de estas últimas que, como consecuencia de tener transferidas las competencias en sanidad, manejaban y administraban los fondos económicos de ésta, que provenían de los impuestos de sus contribuyentes respectivos.

Tengamos fortaleza y paciencia hasta conseguir vencer este "coronavirus", y que próximas primaveras, que vendrán, nos deleiten percibiendo la belleza que las caracteriza. 


Sirva de ejemplo, a lo anterior dicho, este párrafo o cita extraído del libro más famoso de la literatura española: “El Quijote” de nuestro gran escritor Miguel de Cervantes:


"Sábete Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca".

lunes, 16 de marzo de 2020

Así quedan las pensiones este 2020



Pensiones 2020


Hoy nos hacemos eco de la noticia publicada en el diario “LAS PROVINCIAS”:
La pensión mínima para los jubilados de 65 años con cónyuge a cargo queda en 843,4 euros al mes en 14 pagas
La pensión media de los nuevos jubilados puso fin el pasado año (2019) a la caída que arrastraba desde 2015 y toca ya máximos nunca vistos. Las más de 300.000 personas que se retiraron en 2019 cobran una media de 1.345 euros al mes, que se eleve hasta los 1.466,13 euros para los que hubieran cotizado al Régimen General, lo que supone casi 50 euros más que un año atrás, cuando descendió a mínimos de 2012 al situarse en 1.420 euros. E incluso en el mes de febrero por primera vez en la historia los asalariados que se retiraron cobraron más de 1.500 euros de media. Concretamente 1.512 euros.
Y eso que diversos organismos públicos y expertos advierten de que la reforma de 2011, que endurece las condiciones para acceder al 100% de la pensión e incluye progresivamente más años de vida laboral para computar la pensión futura, genera un recorte en la cuantía de la prestación.
Con la última subida del 0,9 % aprobada por el Gobierno, el importe de la pensión mínima para los jubilados de 65 años con cónyuge a cargo queda en 843,4 euros al mes en 14 pagas, la de sin cónyuge en 683,49 euros y la de con cónyuge no a cargo en 648,68 euros mensuales.
Por su parte, la pensión máxima de jubilación se sitúa en este año 2020 en 2.683,34 euros mensuales.
Por su parte, la pensión mínima de viudedad para los titulares con cargas familiares se sitúa en 790,6 euros mensuales.
En el caso de ser mayor de 65 años o de tener una discapacidad mayor o igual al 65% la pensión mínima de viudedad es de 683,49 euros. Si el titular de la pensión tiene entre 60 y 64 años, la cuantía es de 639,4 euros, mientras que en el caso de los beneficiarios menores de 60 años la prestación es de 517,7 euros mensuales.
En el caso de las pensiones de orfandad, el importe mínimo asciende a 208,8 euros mensuales por beneficiario, mientras que si el beneficiario tiene menos de 18 años y cuenta con una discapacidad superior o igual al 65% la cuantía es de 410,96 euros mensuales.


jueves, 16 de enero de 2020

El pago de las pensiones afecta a la economía española


Más sobre pensiones


En España, 1 de cada 5 euros de gasto público se destinan al pago de pensiones, que ya representan el 20% del presupuesto del gasto público, superando al 20,2% de la media europea. En términos nominales, las pensiones se han incrementado en 40.000 millones, suponiendo un déficit para las cuentas públicas que han obligado al Estado a tomar medidas extraordinarias para afrontar su pago a través del Tesoro Público.Las pensiones no solo se enfrentan a la imposibilidad de nuevas revalorizaciones dentro de la capacidad presupuestaria, sino a una muy latente amenaza a la sostenibilidad y la garantía de las mismas. El sistema está colapsado y a la espera del abordaje político.

Los que han seguido la campaña electoral, habrán visto cómo el único debate acerca de las pensiones durante todos estos meses ha sido el de revalorizar las pensiones a los pensionistas, así como garantizar futuras revalorizaciones acorde con la evolución del Indice de Precios de Consumo (IPC). Sin embargo, poco se ha debatido sobre la situación que atraviesa el sistema, el déficit que soporta dicho sistema, así como las necesidades que debe afrontar.

De acuerdo con las cuentas del Estado, España está afrontando el pago de las pensiones con deuda. En otras palabras y para hacernos una idea, 150 euros de cada pensión que cobran los españoles jubilados se están teniendo que pagar con deuda pública. Una situación que con unos niveles de deuda pública del 97% sobre nuestro PIB, y ante la amenaza que supone el deterioro de la situación, debería preocupar mucho más a nuestra clase política, la cual se muestra bastante tranquila, a la vez de utópica, con la situación de las pensiones.

En el último año, el gasto de la Seguridad Social en pensione ha crecido el doble que los ingresos. España es de esos países que gasta más que la media en pensiones, con una tasa de sustitución del 83%, pero que, por otro lado, también se encuentra por debajo de la media en materia de recaudación. Esto ha provocado un agujero en las cuentas del estado, soportando un déficit estructural que no solo dificulta el pago futuro de las pensiones, sino que, visto de otra perspectiva, está comprometiendo el futuro de las pensiones en España.

Y es que, mientras cerramos el 2019 con una tasa de dependencia -relación entre número de cotizantes por número de pensionistas, de 2,33, se espera que, para 2050, y en referencia a las perspectivas del servicio de estudios de BBVA, BBVA Research, España llegue a la paridad en materia de relación entre jubilados y cotizantes.

En este escenario, el número de pensionistas por cotizantes sería de 1-1, lo que complicaría y haría imposible el pago de las pensiones por parte del estado sin la necesidad de afrontar deuda y un excesivo incremento de la presión fiscal a toda la población activa en el país. Una situación a la que llegaríamos por la imposibilidad de retomar las conversaciones del Pacto de Toledo. La situación de las pensiones representa una de las principales amenazas para la sostenibilidad financiera del país.

domingo, 22 de diciembre de 2019

NAVIDAD 2019




La magia de la Navidad



No se puede negar la fascinación que esta festividad ejerce, tan antigua como actual. Su espíritu vive hoy de la misma manera que perduran todas las tradiciones que con ella se vinculan, y que se repiten puntualmente con la misma solemnidad de siempre.
Sin saber por qué, a veces siento la impresión que la Navidad que en aquellos años disfruté en mi infancia ya no existe. Puede ser que ello se deba a que yo mismo he cambiado; pero en mi percepción, la Navidad no es ya como entonces era. Quizá sea porque el recuerdo de mis primeras Nochebuenas se encuentra inmerso en emociones y sentimientos personales; la verdad es que la realidad cotidiana a veces dificulta encontrar el verdadero y profundo significado de este acontecimiento. La Navidad que disfruté era más humilde, con carencias materiales y de consumo que hoy tanto hacemos gala por Navidad; sin embargo, encerraban para mi algo más íntimo o espiritual, dado sus carencias. Pasan por mi mente aquellas nochebuenas rodeando al fuego, unos sentados en el banco, otros en sillas, los más pequeños en tajuelas, pero unidos y sin ningún elemento extraño que deteriorara o perturbara tal convivencia; no había televisión, lo que hacía que se fortaleciesen más los lazos familiares. En las actuales navidades aún sigo recordando aquel entorno familiar, a veces cierro los ojos y me siento identificado con aquella cocina fría y acogedora a la vez, rodeado de aquellos seres queridos, hoy desaparecidos. La navidad nos traslada a otras épocas evocando aquellos sentimientos, vivencias y recuerdos que vivimos nuestros primeros años.
La Navidad es una festividad de intimidad, paz y felicidad, de nada sirve llenarla de galas superfluas; de deslumbrantes luces florecidas en falsos pinos que parecen anunciar una prematura primavera; de ruido insoportable por las calles; de adornos comerciales ajenos a los goces del alma. Cuando pienso en la Navidad recuerdo un tiempo de cálidos afectos. Evoco la tranquila serenidad de mi infancia.
Cuando era niño, como ocurre a todos los pequeños, esperaba con ansia su llegada. La Navidad era, sin duda, la fiesta preferida. Constituía un momento lleno de magia en el cual me sumergía por completo. Regresaba al hogar familiar, al pueblo que me había visto nacer, alejándome por unos días de aquellos internados rígidos en disciplina de un colegio regentado por escolapios. Llegaban los Reyes y retornaba, otra vez, con tristeza al calvario del internado.
El encanto de la Navidad iluminaba el paisaje con aquellas heladas que blanqueaban los tejados todas las mañanas, y como efecto de la dureza de aquellos inviernos permanecían chupetes de hielo suspendidos de las primeras tejas todo el tiempo del periodo vacacional.
Y ahora la magia de la Navidad hace que un año se pase volando, y nos hace reflexionar hacia atrás sobre lo que hemos luchado, lo que hemos conseguido y en lo que hemos fracasado. Todo nos da fuerza para seguir adelante. Que esta Navidad genere en nosotros los mejores sentimientos del ser humano para poder apreciar el verdadero valor de la amistad, la familia y el amor. Que el nuevo año 2020 nos traiga nuevos sueños, nuevos proyectos y nuevos retos.
A todos los que visitáis este blog os deseo:

¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!

domingo, 27 de octubre de 2019

Comportamiento de la pensiones en distintos países de Europa



Las pensiones
 

Las pensiones son uno de los debates sociales más candentes, y lejos de apagarse irá ganando fuerza a medida que aumente la proporción de población jubilada sobre la activa. Recientemente, miles de pensionistas han llegado al Congreso en Madrid para reclamar que las pensiones aumenten con el IPC pase lo que pase en la economía, una batalla que por ahora solo tiene un bando (los jubilados), pero que en el futuro podría degenerar en una guerra entre generaciones, los que reciben la pensión y los que tienen que financiarla (así funcionan los sistemas de reparto como el español).

Aunque los sistemas varían entre países, prácticamente todos los de las naciones desarrolladas van a tener que buscar fórmulas si quieren mantener la generosidad de sus pensiones, no sólo por el obstáculo que supone la transición demográfica, también por el entorno de bajos tipos de interés que está lastrando la rentabilidad de muchos planes de pensiones en los países desarrollados.
Los pensionistas que se manifiestan en España piden que sus pensiones se indexen al IPC para no perder poder adquisitivo. Eva Maria Hohnerlein, investigadora del Instituto para la Ley Social y Política Social en Alemania, explica en un extenso trabajo que la indexación de las pensiones al IPC es algo habitual en países como Brasil, Chile, Colombia o Nueva Zelanda. Dichos países tienen una situación demográfica que todavía no es tan preocupante como la de algunos países de Europa o Japón. Además existen otras fórmulas como indexarlas al crecimiento de los salarios, una variable que se incluye en las fórmulas que usan en Alemania, Suecia o Noruega. 
No obstante, existen muchas fórmulas, como la usada en Grecia que depende (50% cada una) del IPC y del crecimiento del PIB, para que sea un sistema más sostenible. Cada vez son más los países que introducen sistemas que limitan el crecimiento de las pensiones incluso por debajo del IPC, lo que conlleva una pérdida de poder adquisitivo para el pensionista pero también un alivio para el sistema o los trabajadores que lo financian. Concretamente, las pensiones españolas están entre las menos sostenibles de Europa.
"Algunos sistemas de pensiones con un mecanismo de indexación de precios ajustan completamente las pensiones a la tasa de inflación (o por encima de un cierto porcentaje de la tasa de inflación) solo en circunstancias específicas vinculadas a la sostenibilidad, es decir, durante los períodos de crecimiento del PIB", explica la experta alemana.
Grandes patas de los sistemas europeos
Más allá de los sistemas de revalorización y de sostenibilidad existen otros parámetros también muy relevantes. En los Países Bajos existen dos patas fundamentales. Una es la pensión básica bajo sistema reparto de cuantía fija que cubre el 30% del salario medio y la otra un sistema de planes de empleo capitalizados que cubren el 70% restante. En esta segunda pata los trabajadores y empresarios realizan aportaciones obligatorias a fondos de pensiones privados que prometen financiar una pensión final fijada en un nivel específico. Cuesta mucho financiarlo (en términos económicos) pero tiene la ventaja de ser extremadamente generoso: junto con sus pensiones estatales, muchos trabajadores holandeses disfrutan de los mismos ingresos que tenían mientras trabajaban cuando se jubilan.
Con la pensión puramente pública la tasa de sustitución varía, cuanto menor es el salario más importancia tiene la pensión pública, mientras que los individuos con mayor nivel de renta dependen en mayor cuantía de la pensión privada obligatoria. Entre ambas vías, la tasa de sustitución media es del 96,9%.

Francia tiene un sistema de pensiones que está controlado básicamente por el Estado, sindicatos y patronal. Los trabajadores acumulan 'puntos' de pensión en función de sus ingresos cada año. Las pensiones finales tienden a no ser menos generosas que las de los Países Bajos, pero se comparan bien internacionalmente, con una tasa de reemplazo del 75%, son generosas. La pensión media es de unos 1.090 euros.
Por otro lado, Francia tiene una pensión asistencial para las ciudadanos que no hayan podido contribuir o que lo necesiten. Este sistema es de reparto básico y proporciona una pensión mínima contributiva de hasta el 50% de la renta media de los mejores 25 años cotizados. Pero el sistema tiene un déficit creciente que, según las estimaciones del organismo asesor COR designado por el gobierno, alcanzará el 0,4% del PIB para 2022. El presidente Emmanuel Macron es el último de una larga lista de líderes franceses que presionan para reformar un sistema deficitario.
El caso de Alemania: la pensión estatal se calcula por el número de años trabajados, la edad y los ingresos, y muchos alemanes eligen completar esa pensión (que suele ser escasa) con pensiones privadas o de empresa. Incluso así, el trabajador medio solo puede esperar recibir una pensión por valor del 50,6% de su último sueldo al jubilarse (tasa de reemplazo), mientras que la media de la OCDE es de alrededor del 63%. Además, ante al envejecimiento de la población, los fondos de pensiones alemanes se podrían enfrentarse a dificultades en los próximos años.


En Reino Unido la pensión estatal obligatoria solo representa el 29% de los ingresos medios de un trabajador contabilizando su vida laboral completa (lo que rebaja la pensión final). Esta pensión es la menos generosa de los países desarrollados. El gasto en pensiones estatales en el Reino Unido aumentó desde el 3,9% del PIB en el año 1986 hasta el 4,6% en 2017, cifra que se encuentra muy por debajo de la media de la OCDE que está en el 8,2%. Aunque la pensión estatal aumentará en los próximos años, los jubilados del Reino Unido continuarán dependiendo de los planes privados y de capitalización, mientras que muchos pensionistas se enfrentarán a la pobreza, según publican desde la agencia británica Reuters.
El sistema de pensiones en Dinamarca cuenta con una pensión pública muy pequeña que está complementada por una pensión privada. La pensión pública básica supone alrededor de un 16% del salario medio y sólo se puede acceder a la misma a los 67 años. La gran pata de este sistema es de capitalización (cada trabajador aporta a su propia pensión, frente al de reparto, donde los trabajadores en activo pagan la pensión a los jubilados) que se basa en esquemas administrados por el gigante de los fondos ATP. Los trabajadores obtienen al final una tasa de reemplazo del 86%. 
El sistema de Portugal es muy parecido al de España, donde predomina un sistema de reparto financiado por la Seguridad Social. Los jubilados portugueses se encuentran entre los que menos pensión tienen de Europa, ya que apenas cobran una media de 434 euros mensuales, y no pueden jubilarse antes de los 66. Sin embargo, son los europeos que más tarde se jubilan en la práctica, a los 69 años, lo que les sitúa más cerca de países como Israel, Corea o México, y les aleja de sus socios comunitarios (65 en Suecia, 63 en Alemania, 62 en Grecia o 60 en Francia).
En Italia se ha producido un fuerte incremento de la pensión mínima en los últimos años. En 2019 el nivel se encuentra en 669 euros mensuales, pero no hay tope para las pensiones máximas, un caso excepcional en el contexto europeo. No obstante, esto se debe a que el sistema de Italia está basado las conocidas cuentas nocionales. Bajo este sistema, el dinero de las cuotas va directamente a cuentas individuales, de modo que cada trabajador va acumulando cotizaciones durante su vida laboral y dependiendo de lo que haya acumulado esa será su pensión final. La tasa de sustitución en este país es del 93%, una de las más altas de las OCDE.
En España el sistema principal es de reparto con aportaciones a la Seguridad Social (4,7% del trabajador y 23,6% el empresario sobre el salario), la edad media de jubilación es de algo más de 64 años y la pensión media por este concepto se sitúa en 1.140 euros brutos mensuales, por catorce pagas.
Por otro lado, en España la pensión mínima por jubilación se establece en los 835 euros en 14 pagas si tiene cónyuge a cargo (677 sin cónyuge), mientras que la pensión máxima está en los 2.659 euros. No obstante, la desigualdad de ingresos de los jubilados en España se encuentra en la media con la de la Eurozona.
La tasa de sustitución neta (el porcentaje que supone la primera pensión que recibe un jubilado con respecto al último salario medio antes de retirarse después de impuestos y transferencias) en el caso del jubilado medio español es del 81,8%, uno de los ratios más altos de toda la OCDE.


(Transcribimos el siguiente artículo aparecido en el El Economista)

miércoles, 2 de octubre de 2019

Decálogo que no tienes que olvidar para cuidar tu alimentación al hacernos mayores.


Consejos para una buena alimentación



1. Come de todo, pero en pequeñas cantidades. Una dieta equilibrada debe estar formada por alimentos de todos los grupos en las cantidades adecuadas.

2. Respetar las cuatro comidas… o mejor, las cinco. Si dosificas las cantidades cada menos tiempo, seguro que no sentirás tantas ganas de comer. Además podrás distribuir de forma más equilibrada los alimentos que ingieres.

3. Apúntate a los alimentos con fibra vegetal y ricos en hidratos de carbono complejos. El pan, en cantidad adecuada, las verduras, los cereales, las legumbres y las frutas son buenos aliados de la nutrición equilibrada.

4. Huye de las dietas milagro. Las dietas milagrosas, las pastillas adelgazantes, los quita-hambres… no siempre son inocuos para la salud. Adelgazar cuesta un esfuerzo. No te engañes ni te dejes engañar.

5. No piques entre horas. El picoteo es a menudo el responsable de esos kilos de más. Si vas a “pecar”, mejor un yogur o una pieza de fruta que un bombón o un dulce.

6. Bebe abundante agua. Consume al menos un litro y medio diario para mantenerte bien hidratado.

7. Come despacio. Tómate tu tiempo. Hazlo sentado y mastica bien.

8. Mejor cocido o a la plancha. Huye de los fritos, los rebozados, los guisos grasientos. Mucho mejor es que te acostumbres a la carne a la plancha y los pescados al vapor o hervidos.

9. Siempre productos naturales. Los platos preparados tienen como denominador común muchas grasas y excesiva sal. Los de bollería se caracterizan por contener mucho azúcar y grasas. Recurre a ellos muy de vez en cuando.

10. Usa platos más pequeños. No necesitas grandes cantidades para estar bien alimentado.

sábado, 22 de junio de 2019

Alternativas a la residencia




Viviendas confortables
  
En propiedad o en alquiler, un hogar es sinónimo de refugio y confortabilidad. Sin embargo, puede ser una trampa si no reúne las características necesarias para atender la fragilidad que se va sufriendo a medida que se cumplen años. En las últimas décadas se estudian y se ponen en práctica nuevas fórmulas asistenciales para que los mayores disfruten de independencia y asistencia más allá de la residencia.

Viviendas confortables

 En España hay 8.822.620 mayores de 65 años (2018) y la mayoría vive en su domicilio o en el de sus familias, ya que, según el informe del Imserso: las personas mayores en España (2016), solo 301.765 personas viven en residencias, aunque 1.195.276 hacen uso de la teleasistencia, la ayuda a domicilio y los centros de día.
Hasta hace unas décadas, la residencia parecía ser el lugar ideal para los mayores, pero la heterogeneidad del colectivo ha dado al traste con este modelo, que se ha quedado para los dependientes. Lamentablemente, no siempre las viviendas cumplen con los requisitos para que los mayores vivan; la falta de ascensor o un baño sin acondicionar son dos de los principales problemas.
Arquitectura y mayores:
Como en otros sectores, la arquitectura también busca respuestas a las necesidades de la Tercera Edad. La responsable del Programa de Mayores de la Fundación Arquitectura y Sociedad, Paz Martín Rodríguez –arquitecta técnica–, asegura que uno de los grandes retos de los arquitectos es “la rehabilitación y remodelación de viviendas existentes para adaptarlas a las necesidades de los mayores, todo ello dentro de entornos integradores”.
En su opinión, los nuevos pisos están mejorando en accesibilidad, pero no llegan a configurarse acorde con las necesidades del colectivo. “No existe una normativa estatal que recoja los cambios tipológicos necesarios para hacer viviendas para todos para toda la vida, ni tampoco para los mayores”, dice. “Cuestiones como la forma jurídica para la implantación del modelo, el acceso al suelo, los distintos derechos que se originan sobre las viviendas o los derechos y obligaciones de los residentes, ponen de manifiesto que todavía no estamos preparados para su desarrollo en España”, añade la experta, que señala que las soluciones que se dan hoy resuelven problemas concretos y parciales sin promover un debate general.
Pisos en alquiler:
Diversas fórmulas intermedias entre la vivienda independiente y la residencia se han puesto en marcha en los últimos tiempos. Un ejemplo son los pisos para mayores de 60 años construidos por el Consorcio Sociosanitario de Igualada (Barcelona), que gestiona también tres centros de día, una residencia y un servicio de atención domiciliaria. Su gerente Jordi Ferrer explica que la primera promoción se creó en 2008 al ver que se necesitaban las plazas de la residencia y en ella había personas que estaban bien de salud, con vida social y que no eran dependientes totales, aunque sí necesitaban ayudas puntuales.
La primera promoción, levantada sobre terreno municipal, constó de 66 apartamentos de 50 metros cuadrados cada uno con habitación doble, cocina, baño, salón comedor y terraza, muebles y electrodomésticos incluidos, diseñados con una estética moderna y funcional pero, sobre todo, adaptados a los mayores. Y la segunda se levantó en 2012 con 71 pisos –de 45 y 52 metros cuadrados– de las mismas características. Ambos edificios están en el municipio porque se busca la integración del colectivo.
Los edificios cuentan con un restaurante y un gimnasio en los bajos, abiertos al público, donde los mayores tienen descuento, además de una biblioteca y un hall para actividades propias. Y disponen de un portero las 24 horas del día, los siete días de la semana, que activa un protocolo de emergencia en caso de que los inquilinos tengan algún problema de salud o incidencia, ya que en las habitaciones y espacios comunes hay dispositivos de alarma que conectan con el móvil del trabajador, que incluso pasa lista si no ha visto a alguien. Los mayores vienen derivados de los servicios sociales municipales y no pueden ser propietarios de una casa o, en caso de tenerla, que su valor catastral no sea muy alto dado que los pisos están pensados para gente de pocos recursos. En estos casos, deben ceder su casa al alquiler social municipal. Pagan entre 600 y 700 euros en función de los metros cuadrados del apartamento, así como los gastos de agua, luz y gas –entre 230 y 300 euros–. El perfil de los usuarios ronda entre los 70 y 75 años y viven tanto en pareja como solos.
El gerente del consorcio indica que este tipo de viviendas “son menos costosas que una residencia” para las administraciones dado que no necesitan personal, salvo el servicio de portería. “La última promoción costó siete millones de euros, ya que el terreno al ser municipal fue gratuito, más unos 100.000 euros que costó equipar y amueblar los apartamentos”, puntualiza Ferrer, que añade que el modelo es exportable como un servicio más que se presta a los mayores, mientras las residencias deben verse solo para los dependientes.
Problemas de alquiler:
Aunque en España la mayoría de los mayores tienen pisos en propiedad, hay un porcentaje importante que vive en alquiler. Para paliar la situación de estos mayores, surgió hace diez años en Valencia la ONG Hogares Compartidos de la mano de Pilar Pardo, licenciada en Administración de Empresas, y Amparo Azcutia, trabajadora social. El proyecto consiste en conseguir viviendas apropiadas y de bajo coste de alquiler para que mayores con bajos recursos, principalmente personas con pensiones no contributivas, vivan dignamente en un piso compartido con otras de su edad. Gracias al apoyo de CaixaBank tienen operativos ocho pisos en los que viven 32 mayores, la mayoría varones de 60 años.
Amparo Azcutia señala que el proyecto surgió tras detectar la dificultad que tenían los mayores con bajas pensiones para acceder a un alquiler digno tras ser desahuciados de su casa, de haber perdido la suya por los avatares de la vida u otras circunstancias como la de no acceder a un alquiler social municipal porque se prioriza a las familias. “Solo se les alquilaban viviendas en mal estado, pisos donde se ejercía la prostitución, vivían inmigrantes o habitaciones en las que no tenían ninguna afinidad con las personas con las que convivían, lo que les obligaba a estar encerrados en sus habitaciones”, cuenta.
Hogares Compartidos busca viviendas a un “coste solidario”, en el que el propietario no busca beneficio. Los pisos son gobernados por los mayores –cada uno tiene su habitación– y se hacen cargo con sus pensiones del alquiler y gastos comunes. “En los hogares nadie se quiere ir, todos colaboran, y si hay alguien que necesite ayuda, los demás se la prestan porque se sienten parte de un hogar”, añade la trabajadora social.
Organización
La ONG organiza el grupo bien por edad, aficiones, gustos o empatía, agiliza los trámites legales del alquiler, pone en marcha el piso e incluso asiste a los mayores para buscar ayudas a las que tienen derecho y “limar con la mediación las asperezas o conflictos que surgen”. También organizan actividades una vez al mes para que no se conviertan en “pisos estancos”. “Solo uno de los pisos es de mujeres porque así lo quisieron, dado que la mayoría de los usuarios son hombres”, aclara Azcutia, que se lamenta de no poder dar respuesta a todos los que llaman a la puerta.
Azcutia argumenta que el concepto de envejecimiento está cambiando y que hay que buscar nuevas fórmulas. “La gente no quiere ir a una residencia si está bien, quiere un espacio cómodo en su entorno, donde vivir de forma independiente hasta que pueda”, dice convencida, mientras apela a la solidaridad de los que tengan un piso deshabitado a que colaboren con ellos.
(Transcripción hecha de un artículo publicado en la Revista MUFACE)


miércoles, 29 de mayo de 2019

Soledad, acoso y malos tratos hacia las personas mayores


Silencio y miedo



Hoy nos hacemos eco de esta mala noticia que desgraciadamente ocurre en este siglo XXI, publicada en la revista 65YMAS, que transcribimos.

 Silencio y miedo. Dos palabras con las que podríamos definir el día a día las personas de mayor edad que sufren malos tratos y abusos por parte de cuidadores o de sus seres más queridos.

Es innegable, el maltrato y el abuso a personas mayores es una de las expresiones de acoso oculto y silenciado más frecuente en nuestra sociedad. No es un tema que figure entre las cuestiones preocupantes de la vida pública del país, no es un tema del que se hable mucho.

A pesar de que los medios de comunicación nos hacen pensar que son casos aislados que saltan a las páginas de nuestros periódicos cuando una persona mayor en situación de dependencia, muere en casa sola o se denuncia públicamente un caso de maltrato en una residencia, la impotente y triste realidad es que es un problema constante, latente y silencioso.

Ahora oímos hablar mucho de la soledad que sufren muchas personas llegadas a una cierta edad, pues bien, ese aislamiento, esa soledad no deseada también es una forma de maltrato. Y nos concierne a toda la sociedad. 

Y digo que la soledad, el abandono  es uno de los tipos de maltrato que se producen porque este tiene muchas manifestaciones, desde las agresiones físicas, que suelen ser las más fáciles de detectar, las emocionales, los chantajes, las coacciones, el enseñamiento terapéutico o la explotación financiera y las expresiones de desprecio, forman parte de la vida de muchas personas mayores.

Y todas ellas sufridas a diario en la más profunda intimidad, a manos de sus seres queridos más cercanos, sin atreverse a denunciar y sin que nadie diga ni haga nada. Las víctimas son silenciadas, el miedo a la soledad y la vergüenza a denunciar a ese familiar querido o la dependencia económica, funciona como una asfixiante mordaza de silencio.

Es curioso, porque la falta de información, formación o recursos sobre este tipo de situaciones hace que menudo las propias familias o las personas más cercanas en el día a día de los cuidados, no sean conscientes de las vejaciones a las que someten a sus familiares más veteranos.

No es una cuestión marginal. Esa discriminación por motivos de edad se ha convertido en una de las tres grandes formas de discriminación en nuestra sociedad, por detrás del racismo y del sexismo.

Una sociedad avanzada no puede permitirse mirar hacia otro lado. Debemos hacer frente a las actitudes, prácticas discriminatorias y abusivas hacia las personas mayores y/o en situación de dependencia que vulneran sus derechos y que inevitablemente aumentan su riesgo de exclusión social.

Las voces de la experiencia no nos merecemos que nos traten con desprecio o con condescendencia, somos ciudadanas de pleno derecho y por nuestra vida recorrida a lo largo de estos años, nuestras aportaciones enriquecen a todos los niveles de la sociedad, desde nuestras propias familias, a nuestros barrios o incluso  en la política.

Y si a alguna persona no le queda claro, nuestros derechos no disminuyen con la edad. Si con 50 años somos ciudadanos de pleno derecho, envejecer, cumplir años o no poder disfrutar el 100% de nuestra autonomía física, no es motivo para perder nuestra dignidad, valor y derechos.

Asimismo, debemos recordar a nuestros representantes políticos, jóvenes y adultos que no contribuyan a perpetuar estos estereotipos falsos, seniles y anticuados hacia las voces más veteranas, que tienen el mismo derecho a formar parte de nuestros ayuntamientos y gobiernos.

Las arrugas deben y tienen cabida en la política española. Y es esencial que entiendan como agentes de opinión pública, como altavoces de la ciudadanía que son, que las expresiones de desprecio a la edad menoscaban la dignidad de cualquier persona. De cualquiera.

Quien niegue la existencia y la valía de nuestra aportación a la sociedad, está negando los derechos y la dignidad de casi el 20% de la población española.

Necesitamos empoderar con más contundencia a las personas mayores frente a los malos tratos. Empoderarlas para que ante posibles abusos o discriminaciones, sean capaces de detectar y denunciar por sí mismas. Pero además que su entorno también sea capaz de detectar, ayudar, denunciar y visibilizar estos casos cuando ocurran.

Las asociaciones de mayores debemos reclamar que nuestros derechos e intereses estén presentes en la agenda pública no solo en los periodos electorales, como en el que nos encontramos ahora, si no como un compromiso real en el día a día de las agendas de nuestros ayuntamientos, comunidades autónomas e instituciones del gobierno.

Pero además, si hay algo por donde urge empezar a exigir y reclamar a las autoridades y a la sociedad, es por la atención a las personas mayores con algún grado de dependencia o discapacidad. La inadecuada atención que reciben acaba minando su propia dignidad.

Exigimos un compromiso real también con todas esas personas mayores en situación de dependencia que mueren sin que nadie les reconozca dicha condición y por supuesto, sin recibir la ayuda que precisan. Considero que esa invisibilidad es la más indignante de las expresiones de la dependencia, la que destroza los ánimos para tirar para adelante.

En la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España, estamos comprometidos con la calidad de vida de las personas, y obviamente con la de las personas mayores. Por eso, llevamos más de 10 años visibilizando a través de un programa de sensibilización, los malos tratos y abusos a los que nuestro colectivo se enfrenta.
De esa manera, el próximo martes 28 de mayo, organizamos en Galicia la “XLII Jornada sobre Prevención de los Malos Tratos y Abusos a Personas Mayores”,  la primera de las jornadas que realizamos en este año 2019, subvencionada por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, a través convocatoria de subvenciones del 0,7 del IRPF y a la que invito a participar a todas las personas que de alguna forma su trabajo, su día a día es cercano a las personas mayores y también animar a todas las personas mayores que quieran empoderarse.

Para acabar con un problema, primero debemos reconocer que existe este problema y entender que nos afecta a todos y a todas. Hablemos de soledad, del abandono y de los malos tratos y abusos. Hablemos, investiguemos sobre ello, demos cabida a los testimonios, denunciemos, porque lo que no se cuenta, lo que no se habla, no existe.