miércoles, 25 de septiembre de 2024

Las abuelas de antes

  Abuelas de aquel ayer

 







Con todo mi cariño, a todas las abuelas sanromaniegas.

Hoy me vais a permitir que abra la puerta de mi memoria con la llave de mi corazón para radiografiar una pequeñísima parte del pasado donde vivían aquellas mujeres que eran nuestras abuelas, poseedoras de valiosos tesoros, entre ellos: la ternura, la sabiduría y experiencia. Valores estos que, lamentablemente, una buena parte de la sociedad actual ha olvidado o se niega a heredar. Desempeñaban en tiempos pasados, un papel fundamental en la familia y la comunidad

Me imagino la infancia que tuvieron aquellas mujeres, la que iría al colegio solo lo justo hasta aprender a leer y a escribir lo más elemental, aparte de las cuatro reglas, la que dormiría en un colchón de lana acompañada de una o varias hermanas, la que a la hora de comer metería la cuchara en un único recipiente junto con las del resto de  la familia, la que iría a por agua al caño, la que antes de cumplir los diez años ya ayudaba a su madre en las tareas de aquel hogar, de entonces, carente de todo tipo de electrodomésticos, la que desde pequeña le enseñaron a arrancar matas de garbanzos y ayudar en la era a sus padres, la que aprendió a hilvanar y a zurcir remiendos, la que para lavar la ropa tenía que ir al arroyo, la que falleció sin conocer el mar, la que nunca supo que al casarse existía “el viaje de novios”, la que con mucho esfuerzo llegó a tener un papel que la hacía propietaria de un techo, la que sacó adelante junto a su marido a sus hijos, que eran muchos en aquella época, dándoles a todos una cultura que ella no pudo tener, la que trabajó durante toda su vida sin horas, sin vacaciones, sin darse de alta en la seguridad social, ni obtuvo una jubilación justa ante tanto esfuerzo, y entre otras cosas, y esta es la más importante, la que respetó a sus padres y abuelos a los que asistió hasta su muerte.

Abuelas como las de aquel tiempo que lo dieron todo por la familia mientras fueron útiles, transmisoras de sabiduría y experiencia además de dar sabios consejos, apoyo emocional, e incluso económico para mantener a la familia unida.

Tristemente, para una parte de la sociedad, el cuidar a nuestros mayores es una limitación de libertades a su ocio, a su vida fácil, olvidándose de que esa abuela ya no puede ayudar y ahora tiene que ser ayudada.

Mientras tanto, aquellas abuelas en su soledad, la más infame de todas las compañías, les quedarán todavía cariño por repartir, lo que ya no les quedarán es el cariño económico porque lo fueron repartiendo ayudando con sus ahorros a los hijos y nietos cuando estaban en apuros. Antes de morir esperaban cada noche el beso de buenas noches de sus hijos, o sus llamadas, pero ellos estaban tan ocupados que no tendrán tiempo ni para esto.

Una persona alcalaína, ya fallecida, a la que yo tuve mucho aprecio y estima me dijo un día: la soledad es mala, pero la soledad en compañía es mucho peor. Se refería a esa soledad que nuestros mayores viven dentro de una familia que los margina, tratándolos como un trasto viejo.

Las personas mayores merecen vivir una vejez placentera, rodeadas del respeto y cariño de sus familiares evitando a toda costa su aislamiento. Ellos y ellas, nos demostrarán su agradecimiento con un gesto, o con una gratificante pero muda mirada, cuando perciban la dulce caricia de una mano y la pausada voz de quién les hable empleando un tono cariñoso. Son pequeños detalles que a los mayores les gusta.

En resumen, las abuelas de antes eran guardianas de tradiciones, portadoras de historias y fuente de amor incondicional hacia sus nietos. Siempre es fascinante aprender de su legado.

viernes, 12 de abril de 2024

El campo se levanta

 

Tractorada

 

Aquellos que nacimos en un pueblo y a la vez hijos de labradores, sabemos muy bien lo sacrificada que es la profesión de agricultor, siempre mirando a la climatología de la cual depende un alto porcentaje el éxito de la recolección. Bien es cierto que el trabajo físico que realiza actualmente el agricultor ha evolucionado a mejor, gracias al progreso y la ayuda de las máquinas. Hemos asistido al tránsito del arado romano, con la mano en la mancera y tirado por mulas, a los tractores, del carro al remolque, de la siega con la hoz a las actuales cosechadoras, así como mejora en calidad de semillas. Todas estas mejoras traen consigo altas inversiones para el agricultor, ante unos precios bajos de lo que produce, lo que hace que, en la actualidad, no ve rentabilizado su esfuerzo y lucha por mantener la supervivencia de sus explotaciones.    

En las ciudades la gente vive más ajena a los problemas de la agricultura v la ganadería. Solo llegan noticias a ellas cuando las ovejas atraviesan Madrid, cuando hay una subida brutal en los productos del campo –ejemplo el aceite de oliva-,  o cuando los agricultores se manifiestan en sus calles con tractores. Ahora lo están haciendo por España y por Europa para ser oídos ante esta injusticia. Creo que el sector primario que representan y sustentan merece concienciar a la población, a Gobiernos y Comunidad Europea de la importancia de su existencia como fuente de la alimentación de la población.    

 Trabajar con la incertidumbre de no saber cuál va a ser el resultado de su esfuerzo es penoso.  Irrita que los precios los marquen unos señores que no pisan el campo ni se manchan las manos con la tierra. Es frustrante que los fabricantes de la maquinaria, fertilizantes y combustibles suban desmesuradamente los precios y lo que el labrador recibe en la venta de sus productos sea irrisorio.

Desconcierta la maraña de leyes y reglamentos a que están sometidos. Están indignados por la competencia desleal, ya que las exigencias de producción que les imponen quedan exentas y no se aplican a los productos importados de países extracomunitarios. Sin agricultura y ganadería nos faltaría el sustento diario, con las cosas de comer no se juega.

Los agricultores españoles son una parte fundamental de la economía y la cultura de España. El país cuenta con una gran diversidad de cultivos, desde olivos y viñedos, cítricos, cereales, frutas  y hortalizas. La agricultura genera un considerable número de las principales industrias del país y emplea a una parte significativa de la población rural. Sin embargo, los agricultores españoles se enfrentan a desafíos importantes, como la competencia internacional, los cambios en las políticas agrícolas de la Unión Europea, las fluctuaciones en los precios de los productos agrícolas y las condiciones climáticas extermas, como la sequía. Muchos de ellos luchan por mantenerse a flote y mantener sus negocios rentables.

Además, en los últimos años, ha habido un creciente interés en la agricultura sostenible y orgánica en España, lo que ha llevado a algunos agricultores a adoptar prácticas más respetuosas con el medio ambiente y a buscar métodos de producción más éticos y responsables.

En resumen, los agricultores españoles desempeñan un papel crucial en la economía y la sociedad del país, pero se enfrentan a una serie de desafíos que requieren atención y apoyo continuo por parte de los gobiernos y la sociedad en general.

La "tractorada" en España es un término que se utiliza para referirse a las protestas actuales organizadas por los agricultores, con la movilización de tractores y otros vehículos agrícolas en diversas carreteras y autopistas, para expresar su descontento y exigir cambios en las políticas agrarias o en otras áreas que afecten a su sector. Estas protestas suelen ser una respuesta a una serie de problemas y preocupaciones que sufren los agricultores y ganaderos españoles. Algunas de las causas comunes de estas protestas podríamos resumirlas en estos puntos:

    -Precios bajos de los productos agrícolas: los agricultores se enfrentan a precios bajos en el mercado para sus productos, lo que puede afectar su rentabilidad y capacidad para mantener sus negocios.

2   -Competencia internacional: La competencia de productos agrícolas importados de otros países, a menudo con costos de producción más bajos, puede afectar la capacidad de los agricultores españoles para vender sus productos a precios competitivos.

3   -Políticas agrarias de la Unión Europea: Cambios en las políticas agrarias nacionales o de la Unión Europea pueden tener un impacto significativo en la forma en que operan los agricultores y en su capacidad para acceder a subsidios o apoyo financiero.

     -Crisis climáticas y desastres naturales: Eventos como sequías, calor excesivo a destiempo pueden afectar negativamente a los cultivos y la producción agrícola, lo que lleva a pérdidas económicas para los agricultores.

5    -Exigencias burocráticas: Los agricultores a menudo se quejan de una carga excesiva de regulaciones y trámites burocráticos impuestos por la Comunidad Europea que dificultan su trabajo y aumentan sus costos operativos.

6    -Por último, combatir o subsanar las diferencias excesivas de lo que percibe el agricultor o ganadero y el precio que esos productos adquieren en el mercado.

   Estas son solo algunas de las causas más comunes que pueden llevar a los agricultores españoles a organizar tractoradas, para hacer oír sus demandas y presionar cambios en las políticas que afectan a su sector.    

Tomen las medidas necesarias quienes tienen poder y medios para hacerlo y ofrezcan un futuro de esperanza para el campo.


Tractorada en Madrid

domingo, 10 de marzo de 2024

El miedo humano

 El miedo, emoción natural

 

El miedo humano es una emoción básica y natural que todos experimentamos en algún momento de nuestras vidas. Es una respuesta ante situaciones percibidas como amenazantes, peligrosas o desconocidas. El miedo desencadena una serie de respuestas fisiológicas y psicológicas en el cuerpo, preparándonos para enfrentar o evitar la fuente del miedo.

El miedo puede manifestarse de diferentes formas y en diferentes grados de intensidad. Puede ser causado por situaciones reales, como enfrentarse a un peligro físico inmediato, o por situaciones imaginadas, como los miedos irracionales o las fobias. Algunos miedos comunes en los seres humanos incluyen el miedo a la muerte, el miedo a los animales peligrosos, el miedo a la oscuridad, el miedo a la soledad, el miedo al rechazo social, entre otros.

Si bien el miedo puede ser útil en ciertas situaciones al alertarnos y protegernos del peligro, también puede ser nefasto cuando se convierte en un obstáculo para el desarrollo personal y la búsqueda de nuevas experiencias. Algunas personas experimentan miedos crónicos o intensos que pueden influir en su calidad de vida y requieren ayuda profesional para superarlos.

Es importante tener en cuenta que el miedo es una emoción subjetiva y que cada persona puede experimentarlo de manera diferente. Lo que puede resultar aterrador para una persona puede no serlo para otra.

Hemos vivido parte de nuestras vidas con miedo. Nuestros padres y abuelos en los límites del pánico por el tiempo de guerra entre españoles que les tocó vivir. 

Bien que recuerdo de niño, aquellos “ejercicios espirituales” que, vísperas a la Semana Santa, hacíamos en el Colegio interno de Escolapios de Toro (Zamora). Durante tres o cuatro días olvidábamos toda terea escolar, dedicándonos a la vida espiritual: lecturas religiosas, meditación, así como la escucha de charlas atemorizantes del padre escolapio que dirigía tales ejercicios. Todo con el rigor imprescindible de mantenernos, durante esos tres días, en absoluto silencio y absteniéndonos de toda actividad lúdica. Aquellas charlas nos amedrentaban con las llamas eternas del infierno, el llanto y rechinar de dientes y durante las noches nos acostábamos temiendo que con nocturnidad y alevosía apareciese el demonio con su guadaña y nos arrastrara a las calderas de Pedro Botero, casi siempre por la culpabilidad del despertar a la vida en el descubrir de nuestro cuerpo. No veo a Dios como inclemente e inflexible sino justo y misericordioso; por otra parte el amor a Dios nunca debe de ser como efecto de miedo y temor sino como correspondencia al amor que él nos manifiesta.

También aparecían cada cierto tiempo visionarios que anunciaban catástrofes planetarias y el fin del mundo. A comienzos de los años sesenta nos alarmaban con los efectos de la lluvia radiactiva. Los gases y el polvo que generaban las pruebas nucleares se elevaban hasta la troposfera y después caían cuando llovía en lugares alejados de donde se había producido la explosión.

       El paso de cometas cerca de la tierra ha provocado, desde siempre, mucho miedo y poca ciencia, asustando a los terrestres con calamidades apocalípticas. En 1910 dijeron que el cometa Halley envenenaría la Tierra con el gas cianógeno que traía en la cola. La incultura y la ignorancia abonan el terreno para que profetas y visionarios siembren el desconcierto.

 


Cometa Halley



Contaban personas mayores que en el verano del año 1936, días antes de la guerra civil, se produjo una intensa lluvia de estrellas, lo que hizo asociar ese fenómeno astronómico con la contienda que se avecinaba. “Señales en el cielo calamidades en la tierra”. Sería por eso por lo que ciertas personas crédulas y temerosas se santiguaban cada vez que veían la estela blanca rayar la bóveda del cielo.

Algunas noches los amigos nos reuníamos en la plaza, sentados en aquella gran piedra que existía a la puerta de la casa del cura, hoy bar de jubilados, y contábamos historias que habíamos escuchado sobre apariciones, muertos que enterraron sin estarlo, peleas a la luz de la luna con brillo de cuchillos, venganzas por celos. Nuestra fantasía las recreaba y les añadía detalles que nos inventábamos para hacerlas más intrigantes y pavorosas.

Con el coronavirus diaria y machaconamente en todos los medios de comunicación, bulos incluidos en las redes y tertulianos deslenguados consiguieron, otra vez, meternos el miedo en el cuerpo.

En resumen, el miedo humano es una emoción natural que desempeña un papel importante en nuestra supervivencia y adaptación. Reconocer y comprender nuestros miedos nos permite tomar medidas adecuadas para enfrentarlos o superarlos, y buscar apoyo cuando sea necesario.


sábado, 3 de febrero de 2024

Los buenos modales


El saber estar

 

Antiguamente existía una asignatura en las escuelas llamada ‘Normas de Urbanidad’.  Un pequeño librito que contenía reglas básicas de civismo y de buenos modales. Eran instrucciones o pautas que el sentido común deduce como lógicas. El temario trataba, entre otros asuntos, sobre comportamientos en lugares públicos, en la mesa o en la calle.

La "urbanidad" se refiere a la buena educación, cortesía y comportamientos tanto en ambientes familiares como sociales. La urbanidad abarca normas y reglas que guían el comportamiento de las personas en diversas situaciones y entornos. Estas normas suelen incluir aspectos como el respeto hacia los demás, la cortesía, la puntualidad, el uso adecuado del lenguaje, las buenas costumbres en la mesa y otros aspectos de la convivencia social.

La urbanidad es importante en la sociedad ya que contribuye a la convivencia entre personas en buena armonía y respeto. En muchos casos, las normas de urbanidad son transmitidas de generación en generación como parte de la educación formal e informal. Aunque algunas normas pueden variar según la cultura y el contexto, existen principios fundamentales que se consideran universales en términos de cortesía y buen trato hacia los demás.

Los niños de entonces pasábamos gran parte del tiempo libre en la calle. Cuando algunas personas mayores nos pedían hacerles un recado, siempre aceptábamos de buen grado y sin rechistar, en nuestra casa, así como en la escuela nos habían inculcado el respeto y obediencia a los mayores. Al querer darnos una propina por el recado, la rehusábamos al principio, pero sí había insistencia de la persona mayor la aceptábamos. Nos enseñaron a ceder el paso en las aceras, el asiento en los medios de transporte, gesto que las personas mayores agradecían.

Nuestros padres, la mayoría de ellos, siempre hacían hincapié en que debíamos saber presentarnos, dar los buenos días, saludar y despedirse porque así lo habían aprendido de los suyos.

Se van perdiendo muchos de estos buenos modales. Tampoco podemos ignorar otros "grupos" de chicos, aunque no todos, que por no sé qué razón, quieren aparentar modernidad y chulería al olvidarse de todo principio básico educativo. Utilizan un lenguaje deplorable, creyéndo que son los reyes del mundo. Inconscientes de esta vida, ya vendrá la realidad a situarles en su sitio, todo será cuestión de tiempo.

Habría que analizar, no solamente a los chicos, sino a sus familias. Verdaderamente el problema ¿radica en ellos o en su familia? Viendo a muchos padres, podemos aventurar que el chico tiene un futuro poco prometedor, sobre todo, en cuanto a los buenos modales se refiere. "Manos que no dais ¿qué esperáis"? (uno de los sabios dichos de Santa Teresa). Si en casa no se ve un buen ejemplo, partimos de una mala proyección para los chicos.

No debemos generalizar, hay que dejar claro, a mi modo de ver, que hay maleducados en todos los ámbitos y edades, Solamente hay que tratar de corregir, en la medida de lo posible, estos hábitos diarios.

Los buenos modales son un conjunto de comportamientos socialmente aceptados que reflejan respeto, cortesía y consideración hacia los demás. Estos son fundamentales para crear un ambiente armonioso en la sociedad en una convivencia diaria. Aquí señalamos algunos aspectos clave de los buenos modales:

1.  Saludos y despedidas: Es importante saludar y despedirse de manera cordial. Un simple "hola" o "adiós" puede marcar la diferencia en la percepción que los demás tienen de ti.

2.  Por favor y gracias: Utilizar estas expresiones muestra gratitud y respeto hacia los demás. Pedir las cosas amablemente y agradecer cuando se reciben son gestos fundamentales.

3.  Puntualidad: Ser puntual demuestra respeto hacia el tiempo de los demás. Si llegas tarde, es importante disculparte y explicar la razón de tu retraso.

4.  No interrumpir: Escucha activamente a los demás y evita interrumpir cuando están hablando. Espera tu turno para expresar tus ideas.

5.  No hablar con la boca llena: Durante las comidas, es fundamental masticar con la boca cerrada y evitar hablar con la boca llena. Esto contribuye a una experiencia más agradable para todos.

6.  Ceder el paso: En situaciones como puertas estrechas o pasillos, ceder el paso a los demás muestra consideración y cortesía.

7.  Evitar el uso excesivo del teléfono móvil: En situaciones sociales, trata de limitar el uso del teléfono para mostrar interés y respeto hacia las personas presentes.

8.  Cuidado con el lenguaje: Evita usar lenguaje ofensivo o grosero. Sé consciente de tu tono de voz y el lenguaje corporal para evitar malentendidos.

9.  Ser agradecido: Expresa gratitud cuando alguien hace algo amable por ti, ya sea un gesto pequeño o algo más significativo.

 

"Saber estar" es una expresión en español que se puede traducir como "saber comportarse" o "tener buenos modales" en situaciones sociales. Esta expresión requiere tener la habilidad de comportarse de manera adecuada y respetuosa en diferentes lugares y circunstancias. "Saber estar" es la capacidad de adaptarse y responder de manera apropiada a las diferentes situaciones.

En unas cuantas décadas el mundo ha sufrido grandes transformaciones en muchos aspectos, como la economía, la historia, la sociedad y las relaciones humanas. Las personas gozan de mayor autonomía y libertad que en los siglos pasados y eso las ayuda a ser más felices. Sin embargo, a causa de tantos cambios y novedades muchos han olvidado lo importante que es tener un trato amable y correcto con los demás, considerar su importancia como personas y expresarles nuestro respeto en las situaciones diarias.

Resumiendo, una persona puede ser el que más conocimientos tenga de su profesión o carrera profesional, pero sin una buena dosis de "buenos modales" puede que sea la persona menos querida de su entorno. Saber agradar, comportarse de modo correcto en cualquier ocasión, mostrar nuestro mejor "imagen social" puede hacernos ganar la simpatía de todo nuestro entorno. Ese cariño se refleja en la actitud de las personas que nos rodean y se echa mucho de menos cuando falta. 


sábado, 28 de octubre de 2023

El acoso escolar

 Comportamientos ofensivos


El acoso escolar, también conocido como “bullying”, es un problema grave que afecta a estudiantes en sus entornos educativos. Nos referimos a esos comportamientos ofensivos y reiterativos que tienen la intención de causar daño, dolor o angustia a otra persona. Estos comportamientos pueden ser físicos, verbales o emocionales, y se llevan a cabo por parte de uno o varios agresores hacia una víctima específica.

El acoso escolar puede manifestarse de diferentes formas. El acoso físico implica golpear, empujar, agredir o dañar de alguna manera a la víctima. El acoso verbal incluye insultos, burlas, rumores difamatorios y comentarios ofensivos. El acoso emocional implica intimidación psicológica y amenazas.

Las consecuencias del acoso escolar pueden ser devastadoras para la víctima. Puede experimentar problemas emocionales como depresión, ansiedad, baja autoestima e incluso ideas suicidas. También puede tener dificultades académicas, absentismo escolar y problemas para relacionarse con otros. Además, los agresores también pueden sufrir consecuencias negativas a largo plazo, ya que el acoso escolar está relacionado con comportamientos antisociales en la edad adulta.

Si eres víctima de acoso escolar, es fundamental buscar ayuda. Habla con un adulto de confianza, como un profesor, un orientador escolar o tus padres, para que puedan intervenir y brindarte el apoyo necesario. El acoso escolar no debe ser tolerado, y todos tenemos la responsabilidad de crear un entorno seguro y libre de violencia en nuestras escuelas.

Hay que diferenciar entre conflictos puntuales y el acoso escolar. Si bien hay expertos que manifiestan que para que podamos hablar de acoso escolar este tiene que manifestase al menos durante seis meses, otros expertos manifiestan que el acoso escolar depende no solo de la duración, sino también de la intensidad, por lo que hablar de tiempo, no es del todo correcto.

Una situación de maltrato verbal, físico o psicológico si ocurre una vez no es acoso escolar. Si se produce dos veces puede estar en proceso de serlo. Pero si se produce tres veces, ya no es un suceso puntual ni una casualidad, sino que es síntoma de que está comenzando a ser sistemático hacia ese niño o adolescente. Por lo tanto, en cuanto a la reiteración, si el maltrato se produce tres o más veces, si es acoso escolar.

Cualquier niño o adolescente puede ser víctima de acoso escolar, no existe un perfil determinado ni de víctima ni de acosador. El proceso de acoso suele desencadenarse cuando se pone a un niño en el foco de atención del resto del grupo y otro compañero le maltrata física o psicológicamente. El acoso escolar no es un juego entre escolares, es algo muy serio que puede marcar a un niño para toda la vida, e incluso inducirle al suicidio.

Los elementos que intervienen en el acoso escolar son el acosador, la víctima y los observadores. El acosador pretende obtener un rédito, unos beneficios de este comportamiento: popularidad, poder, etc., y no cesa en su cometido si no tiene ninguna sanción. La víctima sufre a menudo en silencio esta situación. Los observadores pasivos, legitiman el acoso. Algunos pueden participar en el mismo como colaboradores y otros sencillamente observan el proceso sin intervenir.

Si los daños físicos son heridas y hematomas de diversa gravedad, los daños psicológicos pueden ser estrés, depresión, ansiedad, cambios en la personalidad, y disminución de la autoestima y del rendimiento escolar.


El acoso escolar sigue un proceso y crece como una bola de nieve cayendo por la ladera de la montaña: se hace cada vez más grande si no encuentra nada que lo detenga. Suele ser muy común que el acoso inicial sea verbal, para desembocar en el acoso físico. Dando un paso más hacia la exclusión se llega al acoso y a la tragedia, como de vez en cuando, desgraciadamente, saltan noticias a los medios de comunicación. Escandalizan y hieren a cualquiera que sienta un poco de empatía.

Yo, que por mi profesión de maestro he observado e intentado impedir comportamientos de este tipo por su crueldad e impunidad. He visto en ocasiones cómo unos cuantos desalmados hacían grupo y cuchicheaban y se reían de otro compañero, a las claras, con infame actitud, para que se diera cuenta el agraviado de tal burla. Los centros de enseñanza son un observatorio privilegiado para detectar estas conductas. Observar casos no es difícil, buscarles solución, sí lo es y mucho porque la relación entre los alumnos se prolonga más allá del edificio escolar y la insistencia continúa fuera. Las invitaciones a los cumpleaños son también ocasiones en las que se puede hacer mucho daño cuando se llama a casi todos los de la clase menos a unos pocos.

A la hora de formar grupos de trabajo por elección libre de ellos mismos, basta para darse cuenta quiénes son los marginados y quiénes los líderes. Porque unos son los que llevan la voz cantante y los demás los siguen.

El líder pone y quita jugadores en el equipo y dice quien juega de portero, que es el puesto que casi nadie quiere. Es el que fija hora y lugar de reunión y pone condiciones. Ellos son los que pueden evitar en muchas ocasiones, poniéndose de parte del acosado, conductas que atentan contra la dignidad y los derechos fundamentales. Los débiles tienen las de perder en estos comportamientos de destrucción afectiva.

El acoso tiene muchas formas:  prohibiciones, burlas, coacciones, exclusiones, intimidaciones, agresiones y amenazas. Un arsenal para derribar los sentimientos de autoestima y dignidad de un niño.

Es fundamental que los centros educativos, los padres y la comunidad en general tomen medidas para prevenir y abordar el acoso escolar. Esto implica fomentar una cultura escolar de respeto, tolerancia y empatía, donde se promueva el diálogo abierto, se enseñen comportamientos sociales y se fomente la inclusión. También es importante establecer protocolos claros para tratar el acoso escolar, así como proporcionar apoyo a las víctimas.


Acoso físico



sábado, 14 de octubre de 2023

El diálogo como comunicación humana

 

CONVERSAR


La conversación entre personas es un aspecto fundamental de la comunicación humana. Se refiere a la habilidad de mantener y sostener un diálogo preciso y fluido con otros individuos. La conversación efectiva implica un equilibrio entre escuchar y hablar, y requiere habilidades de comunicación, empatía y respeto.

Hay personas que hablan mucho pero no escuchan, en una palabra no saben dialogar. Para que se efectúe un auténtico diálogo tiene que haber comunicadores y receptores recíprocamente, es decir, que ambos alternen en ambas acciones, de lo contrario dicho diálogo se convierte en un monólogo.

En un diálogo o conversación entre personas tienen que existir unas normas para que sea un auténtico diálogo. Estas son:

Escucha activa: La escucha activa es un elemento clave en la conservación. Significa prestar atención completa a lo que la otra persona está diciendo. La escucha activa requiere evitar interrupciones, así como cierta habilidad para escuchar con atención plena el mensaje del interlocutor.

Empatía: Ser capaz de entender y compartir los sentimientos de la otra persona es esencial en la conservación. La empatía implica ponerse en el lugar del otro, mostrar comprensión y respetar las emociones y perspectivas de la otra persona. La empatía fortalece las relaciones entre personas.

Respeto mutuo: El respeto es fundamental en cualquier diálogo. Implica reconocer la igualdad de valor y dignidad de cada persona involucrada en la conversación. Respetar las opiniones y perspectivas de los demás, incluso si difieren de las propias, es esencial para mantener una conversación constructiva y respetuosa.

     Equilibrio en la participación: Una conversación saludable implica un equilibrio en la participación de ambas partes. Es importante permitir que todas las personas involucradas tengan la oportunidad de hablar y compartir sus puntos de vista. Evitar monopolizar la conversación y dar espacio a los demás para expresarse fomenta un diálogo equilibrado y enriquecedor.

Al desarrollar estas habilidades, podemos mejorar nuestras relaciones interpersonales y construir una comunicación más saludable y satisfactoria.

En mi pueblo se charlaba en las fraguas, especialmente en días de lluvia, al son del macho en el yunque y del chasquear de la reja en el agua. Era tiempo propicio para abuzar las rejas y de darle al palique sobre anécdotas o noticias que acaecían en la vida diaria. También se charlaba en las zapaterías, al ritmo de puntadas de lezna y bramante untado con pez, y en las carpinterías bajo el ruido de sierras, martillos y mazas. Ya no existen ni esos lugares ni tampoco tales interlocutores, falta gente y sobran prisas. Sin olvidarnos de aquellas noches de verano que se salía a la puerta a tomar el fresco junto a los vecinos, Se llevaban a cabo las correspondientes tertulias que a veces declinaban en mordaces críticas hacia otros vecinos. Un conocido mío de otro pueblo me decía cierta vez que las críticas en los pueblos eran el “deporte nacional”, yo le decía que no era para tanto.

Muchas casas tienen un solo morador. Cuando se echa la noche los cerrojos levantan lindes entre la soledad y la calle. Largas veladas a solas, pero es imprescindible conversar con los demás para que la salud mental no se encasille en los límites de los malos pensamientos, para resolver preocupaciones que se alimentan con el tictac del reloj en tales estancias.  No confundamos, conversar no es  escuchar a tertulianos en la radio o en la televisión. Entre mayores, es bueno verse cara a cara aunque solo sea para cambiar impresiones sobre el tiempo, compartir las dolencias recíprocas que se sufren, comentar y recordar la vida en otros tiempos etc. son comportamientos que enriquecen esa continuidad de la vida. Tener las mismas sensaciones de alegría o de tristeza, ante parecidas situaciones ,ayuda y anima. Un amigo que había pasado por una fuerte depresión me dio un consejo: si alguna vez te pasa, no te encierres en casa, sal fuera y habla con la gente: ”tener con quien hablar es un enorme paracaídas para la salud”. Algunas veces, en mi pueblo y a altas horas de la noche, sorprendían a dos locuaces paisanos charlando en medio de la calle. Habían cerrado los bares y volvían de regreso a sus casas haciendo escalas de trecho en trecho. Paraban, echaban un cigarro y seguían con la conversación.

Coincidí y participé algún año en mi pueblo en la recolección de la uva, mejor dicho en la vendimia, Allí, aparte de vendimiar, se dialogaba abundantemente. Alrededor de las cepas era un lugar propicio para tertulias, era, tal vez, un recurso para que la jornada se hiciera más corta, Allí se relataban historias que los jóvenes no conocíamos, como aquella que aun recuerdo sobre el baile en San Román en otra época. Contaban que en otros tiempos había dos salones de baile, uno para los de derechas y otro para los de izquierda. Noticia que me impacto enormemente. ¡Qué penoso! Qué forma de lastrar una buena convivencia entre paisanos. Parece mentira que la política pudiera romper toda relación entre personas nacidas en el mismo entorno.

 

jueves, 15 de junio de 2023

La epidemia silenciosa de la soledad.

 

La soledad no deseada

 

    No es lo mismo la soledad deseada por nosotros mismos, que la soledad que las circunstancias de la vida y la sociedad nos impone. Esa soledad elegida resulta enriquecedora y favorable para nuestro desarrollo personal, para meditar, en silencio, sobre nuestros comportamientos con los demás, así como las decisiones a tomar.

       Hoy, vamos a tratar de esa soledad no elegida por nosotros que la edad y la sociedad nos la impone irremediablemente. Esta soledad impuesta es considerada y denominada como “La epidemia del siglo XXI”, En cualquier caso y situación, la soledad no deseada tiene graves consecuencias para la salud. Además de afectar al bienestar psicológico de las personas, se asocia con peores niveles de salud, tanto física como mental, y mayor riesgo de mortalidad, lo que, en las etapas finales de vida, implica una peor calidad de vida, haciendo mella en la gente mayor, entre los que me incluyo.

Este fenómeno creciente en esta época está provocado, sobre todo, por el aumento de hogares unipersonales y nuevos tipos de familias, pero nunca es por una sola causa y por eso intervienen otra serie de circunstancias como pueden ser el descenso de la natalidad, la tendencia a relaciones personales cada vez menos duraderas, matrimonios rotos, el paro o la precariedad en el empleo y hasta la frenética vida en las grandes ciudades. El declive de la familia, auténtica unidad esencial de la sociedad, tiene mucho que ver con la epidemia de la soledad. Cada vez hay más divorcios, familias desestructuradas, cuyo final pasa a convertirse en hogares unipersonales.

  La soledad no deseada ya era un tema recurrente en los medios de comunicación, y de forma diaria, muchos de los artículos consultados reflejan, además, el impacto que ha tenido la pandemia del COVID-19 en este terreno, que ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las personas mayores. Precisamente, para mantenerlas a salvo, se las aisló y privó de la compañía, del contacto con otras personas, de socializar… Nuestra cultura se rige por la convivencia física, y la carencia de esta se ha convertido en un aumento del riesgo.

   Para hacer frente a este problema sería necesario buscar soluciones por parte de instituciones públicas, ya sea a base de psicólogos que reconforten tales sentimientos etc. Hay países en que los gobiernos de turno, como el caso de Reino Unido que, preocupados por tal epidemia, han establecido o creado un ministerio de “Soledad y Familia”. La sociedad actual está marcada por las nuevas tecnologías, que, a veces, nos aíslan, y los individualismos deben virar hacia el cuidado a los demás. Hay que concienciar e involucrar al resto de la sociedad, incluyendo a los convecinos de su entorno. Atajar el problema es una responsabilidad conjunta. El resto de las personas también tenemos que ser un poco responsables de esta soledad que sufren muchos ancianos, a los que, a veces, marginamos por razón de su avanzada edad.

 ¿Qué podemos hacer ante la soledad rural?

      Hay muchas y diversas actuaciones que pueden realizarse para prevenir y reducir los sentimientos de soledad en el ámbito rural. Por un lado, estarían todas las actuaciones que podríamos englobar en la prevención de la despoblación de zonas rurales (políticas, de empleo, mejorar la fiscalidad, accesibilidad, transporte y conectividad), sin personas disponibles físicamente es muy complicado establecer o crear relaciones, fomentar el asociacionismo y aumentar los recursos comunitarios que favorezcan el encuentro y la participación social (clubs sociales, comercios, zonas de recreo, etc.). Los bares en el mundo rural, aunque no todos los pueblos tienen, son los lugares de contacto, ocio y convivencia de la mayoría de sus habitantes. Allí, aparte de tomar un vino, cerveza, café o refresco, también se juega a las cartas (tute, mus etc.) A la hora de emprender una partida de cartas no se debe marginar a los ancianos, que acudan allí, aunque manifiesten pequeñas limitaciones en su mente. No ignorarlos, participando y compartiendo con ellos esos juegos lúdicos. Creo que una actitud de rechazo fomenta el aislamiento, la frustración y a la postre la soledad de ellos.

 El miedo a la soledad:

Todo el mundo tiene miedos, y es importante tenerlos, a medida que crecemos nuestros temores cambian y el miedo a la soledad que siente un adulto es el miedo al abandono que siente un niño, en diferentes escalas, pero en los dos casos tiene que ver con una angustia provocada por algo imaginario. Si no aprendemos a controlar ese miedo, lo hacemos nuestro, nos invade, y ello trae tristeza, depresión, baja autoestima, desmotivación, incertidumbre y ansiedad, que influye en nuestro día a día, nos frena en la toma de decisiones y en el disfrute de pequeños placeres, nos distorsiona creándonos un constante y perdurable malestar.

martes, 14 de marzo de 2023

De los anteriores asilos a las actuales residencias geriátricas.

 

Asilos y residencias


Antes, las personas mayores envejecían en sus casas cuidadas por sus hijos. Siempre eran las mujeres las que afrontaban esos cometidos. La sociedad daba a las mujeres en exclusividad las siguientes tareas: el cuidado y limpieza de la casa, confeccionar ropa, el cuidado, en el mundo rural, de los animales domésticos que allí convivían y atender y cuidar de los ascendientes mayores de una y otra parte ¡Como si los hombres no tuvieran manos y sentimientos para tal actividad! Llevaban éstas en el reverso del carnet de identidad las siglas S.L. que las marcaba a sus labores, labores muy amplias como atributo de su condición femenina. Deberes que la costumbre y la sesgada educación imperante les imponían. Sus Labores que en sentido más amplio y sincero debería haber dicho: sus multilabores.

       En aquellos tiempos había centros benéficos llamados asilos para acoger a pobres de solemnidad, así como aquellos mayores que no tenían familia, o si la tenían no querían saber nada de ellos. Si unos hijos optaban por ingresar en tales instituciones a sus padres, la sociedad les tachaba de malos hijos por abandono de sus ascendientes en esa última etapa.

Los tiempos, afortunadamente, han cambiado. ya la mujer no tiene por exclusividad S.L. ya que desempeña un puesto de trabajo en esta sociedad igual que el hombre.

Ahora que la mujer ha entrado en el campo laboral, los trabajos domésticos han dejado de ser exclusividad de ella, repartiéndose con cierta equidad por ambos partes. El problema se presenta cuando uno de los ascendientes que, por razón de su edad, no es autosuficiente y requiere cuidados intensivos durante todo el día. Al trabajar marido y mujer fuera del hogar no le pueden atender, ni tampoco su economía les permite contratar asalariados para tal cometido. Esta es la causa principal del nacimiento de otros internamientos para nuestros mayores, que ahora llamamos Residencias. La palabra suena mejor que asilo, y esta sociedad, tan hipócrita y crítica en épocas anteriores, aprueba y asimila tal novedad.

Hemos de resaltar otra opción, que es mantener a los mayores en su hábitat natural, es decir en su domicilio bajo la tutela y ayuda de cuidadoras. Un considerable número de cuidadoras, casi todas inmigrantes, han encontrado trabajo atendiendo a personas mayores, personal español raramente se encuentra para ello; es por lo que los gobiernos de turno deberían premiar a tales cuidadoras con la concesión inmediata de la nacionalidad española, dada la dura tarea que desempeñan velando por nuestros mayores.

Las buenas residencias de mayores ofrecen ciertos atractivos a los residentes como: atención médica personalizada, envejecimiento activo, cuidado personal, entornos seguros, mejora de las relaciones sociales, alimentación adecuada, control de la medicación, prevención de enfermedades patológicas etc. Creo que todo es interesante, aunque dichas residencias carecen de esa sustitución del entorno familiar y afectivo que antes gozaba el actual residente.