martes, 14 de marzo de 2017

EL TIEMPO NO SE DETIENE




Es preciso eliminar el DESPUÉS

La vida es una tarea que nos trajimos para hacer en casa.
Cuando uno mira… ya son las seis de la tarde; cuando uno mira… ya es viernes; cuando uno mira… ya se terminó el mes; cuando uno mira… ya se terminó el año; cuando uno mira… ¡ya se pasaron 50 o 60 años!
Cuando uno mira… ya no sabemos más por donde andan nuestros amigos.
Cuando uno mira… perdimos al amor de nuestra vida y ahora, es tarde ya para volver atrás.
Si me fuera dado un día más, una oportunidad, ya no miraría más el reloj. Seguiría siempre de frente e iría jugando por el camino, viendo pasar lo inútil de las horas. Sostendría a todos mis amigos y compañeros que ya no sé por dónde andan, ni cómo están, y les diría: “Ustedes son extremadamente importantes para mí.” Abrazaría fuertemente al amor mío y le diría: “Te Amo…!”
Hoy, por aquello de que ya algunos se nos adelantaron, te digo: no dejes de hacer algo que te gusta por falta de tiempo. No dejes de tener alguien a tu lado, porque tus hijos pronto no serán tuyos, y tendrás que hacer algo con ése tiempo que resta. Lo único que vamos a extrañar será el espacio que sólo se puede disfrutar con los amigos de siempre. Ese tiempo que, lamentablemente, no vuelve jamás.
Es preciso eliminar el “DESPUÉS”. ¿Por qué dejamos todo para después?:
Después te llamo.
Después lo hago.
Después lo digo.
Después, yo cambio.
Dejamos todo para después,
como si el *después* fuese lo mejor.
No entendemos que:
Después, el café se enfría.
Después, la prioridad cambia.
Después, el encanto se pierde.
Después, temprano se convierte en tarde.
Después, la añoranza pasa.
Después, las cosas cambian.
Después, los hijos crecen.
Después, la gente envejece.
Después, el día es noche.
Después, la vida se acaba.
No dejes nada para después, porque en la espera del “después”, puedes perder los mejores momentos, las mejores experiencias, los mejores amigos, los mayores amores y todas las bendiciones que Dios tiene para ti.
Después puede ser tarde.
El día es hoy.

YA NO ESTAMOS EN EDAD DE POSPONER NADA.

viernes, 3 de marzo de 2017

Los cerebros de las personas mayores son lentos por acumular excesiva información


El cerebro de las personas mayores


Buenas noticias… Esto me hizo sentir mejor!
¡Los cerebros de las personas mayores son lentos porque saben muchísimo!

La gente no declina su capacidad mental con la edad, sólo les toma más tiempo recordar los hechos porque tienen mucha información en sus cerebros; los científicos creen que al igual que el ordenador, el disco duro se llena, así también lo hacen los seres humanos y toma más tiempo para acceder a dicha información cuando sus cerebros están llenos.

Los investigadores dicen que este proceso de desaceleración no tiene nada que ver con el deterioro cognitivo.

De acuerdo al doctor Michael Ramscarl el cerebro humano funciona más lento en la vejez, por el sólo hecho de tener almacenada gran cantidad de información a través del tiempo.

Los cerebros de las personas mayores no se debilitan, sino por el contrario ¡están repletos de sabiduría!

Frecuentemente las personas mayores suelen ir a otra habitación para conseguir algo y cuando llegan allí, se paran preguntándose: ¿Qué fue lo que vine a buscar?

Esto no es de ninguna manera un problema de memoria, es la forma lógica en que nuestro sistema opera con el brillante objetivo de hacer que las personas mayores hagamos más ejercicio.

Ahora cuando no me llegue a una palabra o un nombre, no voy a excusarme diciendo "Ya mi cabeza no da" Ahora, voy a decir: _"¡Mi disco duro tiene una extraordinaria cantidad de información!"_


Creo que este alentador artículo nos va a gustar a todos!!

miércoles, 8 de febrero de 2017

Esta es la edad madura en la que se vuelve a sentir la felicidad de la Juventud



Psicología



Nos ha llamado la atención este artículo sobre psicología publicado en el “PAIS”, cuya autora es Patricia Peyró Jiménez, y que trato de transcribirlo por considerarlo interesante.
“Si cree que nunca volverá a ser tan dichoso como cuando iba a la universidad, probablemente esté en la cuarentena. Espere un poco”

La felicidad es una de las principales obsesiones modernas y algo que muchos nunca dejan de buscar en una suerte de odisea imposible hacia el bienestar. Lo que con frecuencia pasa inadvertido a los cazadores de la dicha es que lograr mayor o menor éxito en esta empresa tendrá más que ver con el momento vital por el que estemos pasando que con el empeño con el que buscamos fórmulas magistrales.

Para empezar, la felicidad no es un concepto fácil de explicar. “Hay tantas definiciones de felicidad como personas pretenden acercarse a ella”, explica la psicóloga Ana Villarrubia, directora del Centro de Psicología Aprende A Escucharte y autora del libro Borrón y cuenta nueva. “La más generalizada podría ser la de ese estado tan deseable en el que uno tiene la capacidad de liberarse de miedos y barreras innecesarias y avanzar hacia la consecución de objetivos diarios y metas en la vida”. Sin embargo, la vida es tan larga que pasará por diferentes etapas y fluctuaciones, también en términos de dicha.

A la hora de encontrarla, los expertos recomiendan moderación: la consigna es buscarla sin ansiedad para que pueda precipitarse. Y cuando llegue, saber que se permitirá variar en intensidad. Algo así como sucede con el orgasmo o con los fuegos artificiales. Psicólogos e investigadores de esta nueva disciplina determinan la existencia de un ciclo de felicidad bien definido en nuestra vida y que tiene forma de U: es muy alta durante la primera juventud y va decreciendo con los avatares de la vida adulta hasta llegar a tocar fondo cuando se superan los 40 años. La buena noticia es que vuelve a subir en el "septiembre de los años", como diría Sinatra (1965), y, a partir de los 50, la mayoría volvemos a ser felices, dentro de una tendencia anímica positiva que irá in crescendo hasta la senectud.

Este esquema se definió en un ambicioso estudio realizado por Andrew Oswald, profesor de Economía y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Warwick en el Reino Unido, en el que se evaluaron a más de 500.000 personas repartidas entre América y el viejo continente. A medida que envejecemos somos más felices. ¿Por qué? La experta Ana Villarrubia relaciona los niveles de felicidad con los diferentes grados de experiencia y madurez por los que vamos pasando, a su vez condicionados por las emociones propias de la edad. “En etapas más inmaduras, la felicidad se confunde con la satisfacción inmediata, ya que nuestra corta trayectoria de vida y la forma en la que procesamos la información nos impide pensar más allá”, explica refiriéndose a la euforia infinita presente en los jóvenes.

La fase de los cuarenta es una etapa complicada. Son años en los que “pasamos la mayor parte del tiempo centrados en el mañana: trabajando e invirtiendo esfuerzos en asegurar que lo que está por venir será eso que tanto deseamos”, dice la psicóloga. Esa obsesión por labrarnos un futuro prometedor encuentra su máxima expresión en la conocida como crisis de los cuarenta, una realidad tangible y reconocida en el ámbito de la psicología. “El malestar mental tiende a alcanzar su cenit cuando tenemos cuarenta y pico años, la etapa más determinante de nuestra carrera y en la que lidiamos con miles de cosas a la vez, como prosperar económicamente, proveer a los hijos o incluso comenzar a cuidar a unos padres mayores”, explica Daniela Pittman, profesora de psicología del Instituto de Empresa y fundadora de The Happiness Seminar. Pittman no pasa por alto la pérdida del atractivo juvenil e incluso los albores de la menopausia en la mujer. “Todo ello justifica que con la medianía de edad también se alcancen los mayores índices de depresión y ansiedad”. Esto no sucede entre los 20 y los 30 años, “momento en el que sentimos que podemos comernos el mundo y aún estamos a tiempo de explorar e incluso de cambiar de carrera si no nos satisface, hecho harto complicado a los cuarenta y tantos años, cuando, muy habitualmente, uno tiene una familia a la que mantener”.

"A partir de los 50 solo cobran importancia las cosas que realmente lo merecen" (Ana Villarrubia, psicóloga)

Ese baile de emociones nos va curtiendo, y a partir de los 50 empezamos a recoger los frutos. “La experiencia del paso de los años debería permitirnos elegir y decidir con más criterio y libertad”, aclara Ana Villarrubia. En aceptar el cambio estará la clave que nos haga felices con el paso del tiempo y el devenir de las canas y arrugas. “Debemos distinguir entre la aceptación y la resignación”, continúa la psicóloga. “Mientras que en la resignación existe tristeza, abatimiento o melancolía, en la primera hay un cierto grado de satisfacción”.
Estas son las razones que facilitan el proceso hacia la prometida felicidad tardía:

- Aplacamos la ansiedad y la impaciencia. El potro desbocado de las emociones juveniles dará paso a un corcel sereno que sabe relativizar y valorar lo que hemos conseguido. “Por desgracia, no nos enseñan en la escuela a regular nuestras emociones, ni apenas a identificarlas”, explica Villarrubia. “Con la edad no sentiremos haber perdido fuerzas, sino que sabemos aprovecharlas al máximo y con sentido común”, aclara.

- Sabemos distinguir lo verdaderamente importante. Pasada la barrera de los 50 o incluso los 60 años se alcanzan un sosiego y una perspectiva “con la que solo cobran importancia las cosas que realmente lo merecen”. Aprendemos a tomar distancia. En contraposición a la urgencia y la ambición anterior, “hemos aprendido a medir nuestras fuerzas y, con suerte, también a aceptar nuestras limitaciones y convivir con ellas”.

- Relativizamos los problemas. Una vez hemos aprendido a identificar y tolerar mejor nuestros estados emocionales, “nos será más fácil relativizar los problemas y nos asustará menos asumir las responsabilidades necesarias para encargarnos de lo que de verdad nos preocupa”.

- Nos dejamos de tanto balance. Si a los 40 hacíamos inventario del cumplimiento de las expectativas e ilusiones volcadas sobre nuestro futuro y entrábamos en la famosa mid-life crisis, a partir de los 50 somos más benevolentes con nosotros mismos y “nos perdonamos la vida” o el no haber conseguido algunas de las fantasías, quizá poco realistas, que alguna vez tuvimos en tiempos mozos.

- La rutina deja de ser el enemigo. Siendo la rutina sinónimo de seguridad, es algo que empieza a apreciarse tarde. Paradójicamente, tendemos a asociar rutina a algo negativo, pero lo cierto es que “solo nos perjudica cuando nos atrapa y se vuelve extremadamente rígida”. Con la edad nos volvemos prácticos y apreciamos cada vez más “la predictibilidad y el saber lo que viene a continuación”.

Cuando la felicidad es un cliché incómodo

Y si está en esa franja de edad y no se siente particularmente dichoso, no significa necesariamente que con usted no se aplique esta teoría: “Rara vez somos conscientes de estar experimentando momentos de felicidad, y en cambio lamentamos el momento en que nos falta”, dice Pittman. Es decir, quizá se encuentre en un buen momento y no se dé cuenta. Este fenómeno, conocido en psicología como aversión a la pérdida (loss aversion) se explica muy bien con la teoría formulada por primera vez por los psicólogos Kahneman y Tversky en 1979, que también se aplica a lo económico. Su denominada teoría prospectiva explica cómo los mecanismos que rigen nuestras decisiones están más basados precisamente en la ansiedad de perder que en la alegría de ganar, y señalan que la mayoría de nosotros preferimos evitar la pérdida que adquirir la ganancia equivalente. Es decir, siempre elegiremos no perder mil euros antes que ganarlos. “El dolor de perder algo es entre tres y cuatro veces mayor que la felicidad de tenerlo”, concreta Pittman. Por ello nos hacen tanto mal la obsesión por el futuro y esas quejas constantes de lo que perdemos en el camino que manifestamos en los momentos vitales más bajos de felicidad y que, sin embargo, dejarán de preocuparnos tanto superada la barrera de los 50 años.

miércoles, 11 de enero de 2017

ASÍ SOMOS LOS ABUELOS:



Frases de abuelos

Lo que los niños más necesitan son los elementos esenciales que los abuelos proporcionan en abundancia, ellos dan amor incondicional, bondad, paciencia, humor, comodidad, lecciones de vida, y los más importante: las galletas. (Rudolph Giuliani)

Ser abuelos nos aparta suficientemente de las responsabilidades para que podamos ser amigos. (Allan Frome)

Cuando los abuelos entran por la puerta, la disciplina vuela por la ventana. (Ogden Nash)

Un abuelo es una persona con plata en el pelo y oro en su corazón. (Autor desconocido)

Todo el mundo debe tener acceso tanto a los abuelos como a los nietos, con el fin de ser un ser humano completo. (Margaret Mead)

Mis nietos creen que yo soy la cosa más antigua del mundo. y después de un par de horas con ellos, yo lo creo también. (Gene Perret)

Los abuelos, como héroes son tan necesarios para los niños, como las vitaminas. (Joyce Allston)

La idea de que nadie es perfecto es un punto de vista mas comúnmente llevado a cabo por personas que no tienen nietos. (Doug Larson)

En el séptimo día Dios descansó, sus nietos estuvieron fuera de la ciudad. (Gene Perret)

Si yo hubiera sabido que los nietos eran tan divertidos, lo habría tenido primero. (Bill Laurin)

Algunos de los mejores educadores del mundo son los abuelos. (Charles W. Shedd)

No hay nada como un nieto para restaurar la fe a la herencia. (Larsen Doug)

El amor perfecto a veces no viene hasta el primer nieto. (Proverbio Galés)

 Los abuelos son los pasos a las generaciones futuras.

Los abuelos son el mayor tesoro de la familia, los fundadores de un legado de amor, los mejores contadores de historias, los guardianes de las tradiciones que perduran en el recuerdo. Los abuelos son las bases solidas de la familia, su amor muy especial los diferencia.


 Uno de los mayores misterios de la vida es como el chico que no era lo suficientemente bueno para casarse con su hija pueda ser el padre del nieto más inteligente del mundo. (Proverbio Judío)


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Navidad 2016



La magia de la Navidad



Pocas palabras logran transmitirnos tantos sentimientos y emociones, a la vez, como la de “Navidad”; pocas celebraciones simbolizan tanta paz y alegría; pocas fiestas nos hacen estar tan receptivos y soñadores. La palabra navidad significa según su etimología "nacimiento", es por lo que conmemoramos los cristianos la llegada del Hijo de Dios. Todo hace de diciembre un mes mágico; un mes donde los problemas y los viejos rencores parecen dispuestos a ser guardados en el cajón del olvido; un mes donde la paz y la felicidad se asoman por la ventana, donde las metas no cumplidas se van por la puerta de atrás, y donde los nuevos propósitos llegan por la puerta principal con la intención de convertirse en menos de un año en objetivos logrados.

Todos nos dejamos influir por esta sensación de la magia de la próxima Navidad; así, desde este blog también exteriorizamos y dejamos testimonio de ello con ese marco navideño. 

En esta época, compartir las tradiciones en familia y transmitir la importancia de dar y recibir amor, de ser solidarios, de alimentar el espíritu y de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, se convierten en el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros seres queridos.

“Tener un lugar a donde ir se llama Hogar.
Tener personas a quien amar se llama Familia,
y tener ambas se llama Bendición”.
(Papa Francisco)

Desde este humilde blog: “Para Jubilados” deseamos a los que nos visitan, que estas navidades sean de paz, amor y alegría para todos. Que el nuevo año 2017 nos encuentre renovados, y dispuestos a emprender nuevos proyectos y retos.

¡Felicidades!

viernes, 11 de noviembre de 2016

Acuerdo urgente para mantener las pensiones



Financiación de pensiones



Dada la preocupación de los españoles sobre el tema pensiones, transcribo por el presente artículo, algo que he considerado muy interesante y que fue publicado recientemente en una editorial del periódico “El País”
Jubilados

El nuevo Gobierno debe impulsar un gran pacto para reformar la financiación del sistema.

Es, sin duda, la primera reforma que debe afrontar el nuevo Gobierno. Afecta a 9,5 millones de pensionistas, de los cuales en torno a 6 millones perciben una jubilación y la evolución demográfica en nuestro país augura la ruina del sistema si no se toman medidas. El sistema público de pensiones requerirá 120.000 millones de euros este año, lo que supone en torno a un tercio del gasto público total de España y equivale al doble del gasto en Sanidad y tres veces el de Educación. La hucha, que se fue llenando en los años de mayor crecimiento económico y de empleo, se vaciará en diciembre de 2017.

Pocos problemas socioeconómicos están tan bien diagnosticados como el de las pensiones públicas contributivas. El sistema de reparto vigente implica que los trabajadores activos de hoy pagan las percepciones de los jubilados de hoy. No hay previsión ni capitalización. El sistema está topado por una cotización máxima que se detrae de la remuneración de los activos y por una pensión máxima. Este sistema de reparto ha entrado en crisis en un momento político delicado (más de 300 días sin Gobierno efectivo).

MÁS INFORMACIÓN
Entiéndase por crisis no una quiebra del sistema y el impago de las percepciones. Un sistema de reparto como el vigente en España tiene garantizado en torno al 10% del PIB en ingresos. Los pensionistas siempre dispondrán de ese 10%; pero si el PIB cae, el número de los pensionistas aumenta, la pensión se prolonga o aparecen otros desequilibrios internos, la pensión será menor y el poder adquisitivo puede hundirse. La crisis así entendida se ha hecho evidente por el rápido agotamiento del Fondo de Reserva de la Seguridad Social (la hucha) que ha pasado de un depósito de más de 60.000 millones a guardar hoy apenas 24.000 .

El sistema de pensiones públicas necesita una reforma en profundidad. No un cambio de modelo, sino un patrón más adecuado de gestión y financiación. Con sueldos más bajos, la cotización cae aunque la afiliación aumente; con contratos temporales, sucede lo mismo. La suposición de que la crisis actual del sistema es coyuntural y el déficit del sistema (unos 17.000 millones) desaparecerá con rentas más altas y empleo más estable es demasiado.  Es probable que la caída de rentas salariales y el estancamiento del empleo fijo hayan llegado para quedarse.
Mientras tanto, los gastos del sistema crecen, por efecto del mayor acopio de jubilaciones, porque las pensiones cada vez son más altas, porque la relación entre cotizantes y pensionistas se deteriora y porque el sistema de reparto no puede sostener una afluencia creciente de jubilados con largos periodos de percepción y subsistencia. El factor que pone en peligro la financiación del sistema a largo plazo no es el paro, ni la depresión salarial, sino la persistente ampliación del periodo que media entre el comienzo de la percepción y el momento del fallecimiento del pensionista. Este plazo crece por el aumento de la esperanza de vida; aumenta y dilata el coste de las percepciones, mientras que los ingresos por cotizaciones se mantienen en el mismo porcentaje de PIB.
La pregunta crucial para el jubilado o al borde de la jubilación es si percibirá su pensión sin merma de cuantía, de derechos (¿por qué los futuros pensionistas no van a percibir la misma pensión que los actuales si cotizan igual?) y de poder adquisitivo durante su vida. La respuesta es que si no se toman ya medidas correctivas, el sistema entrará en crisis (riesgo de recorte de las percepciones) en los próximos cinco años.
Reforma perentoria
El agotamiento de la hucha implica que a partir de diciembre de 2017 el desequilibrio entre ingresos y pagos del sistema pasa a constituirse en deuda y deberá ser soportado por el Presupuesto en forma de endeudamiento. A nadie se le escapa que el Presupuesto del Estado difícilmente puede soportar, con su estructura actual de ingresos y gastos, un esfuerzo financiero de 15.000 millones, que es lo que costaría absorber las pensiones de viudedad y orfandad. Sin contar con el hecho de que las cuentas del Estado sufren vaivenes cíclicos más acusados que las cotizaciones.
¿En qué consistiría la reforma financiera o corrección del sistema de pensiones públicas? A título indicativo, el paso inicial es un acuerdo político-social sobre una reforma profunda dentro del actual sistema de reparto. El acuerdo trasciende el Pacto de Toledo; debe implicar un compromiso de los agentes políticos y sociales a largo plazo, porque el modelo vigente implica una distancia creciente en el periodo de percepción de la pensión. Importan por supuesto y mucho las decisiones de reforma a corto plazo, para prevenir los recortes. En el marco de ese acuerdo deseable parece oportuno explorar algunas vías de acción. Como estas:
1. Respaldo presupuestario, en lo que permita la política de estabilidad, de los derechos de los trabajadores activos y los jubilados.
2. Supresión rápida y ordenada de las exenciones y reducciones de cotización (como las tarifas planas) que se aplican como estímulo a la creación de empleo e incentivan poco o nada.
3. Sondear la posibilidad de crear recargos fiscales transitorios (en Renta o en Sociedades), para hacer frente al descenso de ingresos. El PSOE ya ha propuesto un tributo especial.
4. Calcular el impacto y consecuencias de eliminar parcialmente el tope máximo de cotización, quizá aplicable a las rentas salariales más altas. En este punto, el debate es enconado porque se supone que eliminar el tope de cotización debería tener como consecuencia un aumento correlativo de la pensión máxima. Según los más cautelosos, implicaría un encarecimiento del factor trabajo.
5. Reforma o recorte de la pensión de viudedad, pensada inicialmente como una compensación en un mercado laboral con escasa presencia de la mujer. Podría considerarse la sustitución del régimen actual por una prestación pagada por una sola vez.
6. Ampliación efectiva de la edad de jubilación, pactada con las empresas. En este ámbito, sería oportuno sondear también la modificación de las normas que impiden a un jubilado seguir trabajando, siempre y cuando pague una cotización.
La reforma no es trágica, pero sí perentoria. Lo que se decide sobre pensiones surte efecto a largo plazo. No hay margen para parches demagógicos, ni demoras.


sábado, 22 de octubre de 2016

Los jubilados españoles que trabajen sólo pagarán el 8% a la Seguridad Social

Noticias sobre jubilación

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     El Gobierno mantendrá intacta la «cuota de solidaridad» para los pensionistas activos que cobren el 100% de la prestación

Que el sistema de pensiones necesita un vuelco es un axioma sobre el que no existe discusión alguna, disputas políticas al margen. El envejecimiento de la población, un éxito del sistema de salud español, supone sin embargo una pesada carga para la Seguridad Social y obliga al Estado a tomar medidas. Las proyecciones no dejan lugar a la duda: el porcentaje de población de 65 años y más, que actualmente se sitúa en el 18,7% del total, pasaría a ser del 25,6% en 2031. En tan sólo 15 años cuatro de cada diez españoles será un jubilado o estará a las puertas de serlo, según el INE. La situación no hará más que agravarse y en 2066 el 34,6% de la población tendrá 65 años o más.
Ante el riesgo de perder como fuerza laboral a un porcentaje tan elevado de la población, el Gobierno puso en marcha en marzo de 2013 la posibilidad de simultanear el cobro del 50% de la pensión con un empleo remunerado como ya ocurría en otros países de la Unión Europea.
La medida, que se consideró «imprescindible» para la sostenibilidad de las pensiones, contenía una serie de condiciones. La primera, que sólo pueden acogerse los trabajadores que tengan derecho a la pensión completa. La segunda, que los funcionarios públicos quedan excluidos de la norma. La tercera, que el acceso viene marcado por haber cumplido la edad ordinaria de jubilación, actualmente fijada en 65 años y cuatro meses.
Por último, la norma estipula que la medida no es compatible con la jubilación anticipada ni bonificada por trabajos penosos o tóxicos.
Hasta ahora, la cuantía era del 50% de la pensión que le correspondía al trabajador, es decir, del importe del reconocimiento inicial y de las revalorizaciones, sin incluir complementos a mínimos. Respecto a la cotización, la empresa y el trabajador (pensionista) cotizan sólo por incapacidad temporal y por contingencias profesionales. La aportación a la Seguridad Social queda recogida en una «cuota de solidaridad» no computable para prestaciones del 8% (el 6% a cargo de la empresa y el 2% restante a cuenta del trabajador).
Hasta octubre, un total de 30.927 pensionistas compaginan el cobro del 50% de la pensión con un empleo, el 85% de los cuales son autónomos, según los datos recabados por la Seguridad Social. De éstos, la inmensa mayoría son pequeños negocios familiares.
A partir de enero, los «jubilados activos» podrán ampliar al 100% la percepción de la pensión con las condiciones vigentes, a falta de que se concrete en la comisión del Pacto de Toledo, según indicaron ayer a LA RAZÓN fuentes de la Seguridad Social. Esto implica que los pensionistas trabajadores seguirán pagando en torno a un 8% a la Seguridad Social.
La vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, aseguró ayer que la medida para compatibilizar el 100% de la pensión con una renta del trabajo «no es una medida aislada» y tiene que verse dentro de un conjunto de iniciativas para asegurar la sostenibilidad del sistema, en el marco del Pacto de Toledo. Durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la vicepresidenta señaló que se están analizando «un conjunto de reformas que, a nuestro juicio, tienen que ser abordadas dentro del Pacto de Toledo con un horizonte a medio y largo plazo».
La «número dos» del Ejecutivo en funciones afirmó que compatibilizar el 100% de la pensión con un salario es una dinámica «que dependerá del análisis de hasta qué punto se produce esa compatibilización y de qué esquema estemos hablando en el conjunto de recursos del Sistema de Seguridad Social».
Las claves
- ENVEJECIMIENTO. En tan sólo 15 años, cuatro de cada diez españoles tendrán 65 años o más. La situación se irá agravando hasta que, en 2066, el 34,6% de la población alcance esa edad, según las proyecciones facilitadas por el Instituto Nacional de Estadística.
- BENEFICIOS FISCALES. Compaginar trabajo y pensión tiene beneficios para el Estado. Los pensionistas activos tributan por la percepción de la prestación y además pagan una «cuota de solidaridad» del 8% (el 6% a cargo de la empresa y el 2% restante a cargo del trabajador).
- EXTENDER LA VIDA LABORAL. El Gobierno considera «imprescindible» para la sostenibilidad de las pensiones que los jubilados se mantengan activos. El peso de las prestaciones sería parcialmente compartido, ya que el jubilado sigue

- LOS SINDICATOS, EN CONTRA. Tanto UGT como CC OO se mostraron ayer en contra de la medida, que calificaron de «demagógica», ya que no tendrá ningún impacto en el sistema de pensiones y que podría ser regresivo.

domingo, 25 de septiembre de 2016

LOS DESEOS DE UN ANCIANO


Deseos y peticiones de una persona mayor


Deseo que me hagas sentir que soy amado, que soy útil todavía, que no me crea  que estoy solo.

Deseo permanecer en mi casa o en la tuya.

Deseo que cuando comamos en la misma mesa, me des conversación a pesar de que yo apenas hable.

Deseo que me visites en la residencia, en caso de que te  veas obligado a internarme en ella.

Deseo que me ames por lo que soy y no por lo que tengo.

Deseo que me llenes de cariño y comprensión en esta última etapa de mi vida.

Deseo que no bromees de mi paso vacilante o de mi mano temblorosa.

Deseo que comprendas mi incapacidad de oír como antes, y que por lo tanto me hables despacio y claro, pero sin gritar, si no es necesario.

Deseo que tengas en cuenta que mis ojos se están nublando, y que no me eches en cara ni te rías de mí, cuando tropiezo o derramo la taza de café sobre la mesa.

Deseo que me ofrezcas asiento en el autobús y la preferencia en la acera, así como que respetes mi paso lento al cruzar la calle.

Deseo que tengas tiempo suficiente para escucharme sin prisas, aunque lo que yo te diga te importe poco o nada.

Deseo que no me digas “ya me has contado tres veces lo mismo” y me escuches, como si fuese la primera vez que te lo cuento.

Deseo que me recuerdes por los aciertos y éxitos de mi vida pasada, y que no me hables de mis errores y fracasos.

Deseo poder sentir la caricia de tu mano sobre la mía, y escuchar sin agobiarme palabras suaves de ánimo, cuando esté al final de mis días. Háblame entonces de la misericordia de Dios.  
                     
Gracias, mil gracias por atender mis deseos. Un día otros los harán posible para ti.      



jueves, 28 de julio de 2016

Como vivir plenamente después de la jubilación



Planificando la jubilación

¿Qué voy a hacer con todo el tiempo que me sobre? ¿Se acordarán de mi después de un tiempo? ¿Cómo sentir que todavía sirvo para algo? Estas son preguntas que acucian a los recien retirados.

Algunos consideran a la jubilación como la etapa final en la vida de un individuo. En el parecer general –apoyado por prejuicios muy acendrados- el retiro es una etapa posterior a la productiva. Supuestamente, es tiempo de hacerse a un lado y descansar... pero en la sociedad actual parecería que quien no produce no existe.
Pero, ¿es esto así realmente?
No. La etapa útil de una persona no tiene nada que ver con un límite de tiempo impuesto por una legislación arbitraria. El aporte que una persona puede darle a la sociedad, no termina hasta que se da por vencida, haciendo caso a los convencionalismos y a los prejuicios.

Como planificar la etapa de la jubilación:

Hacer frente a la amenaza de tener que autolimitarse es bastante difícil. Quizás la manera menos traumática de aceptar la jubilación sea no pensar en ella y vivir cada momento al máximo.
En esta sociedad moderna, la actitud ante quien está “fuera del circuito productivo” está teñida de menosprecio. Muchos, sin quererlo o a propósito, hacen sentir a las personas mayores como inservibles, sugiriéndoles la idea de que ya no sirven para el trabajo, lo que equivale a decir que “no sirven para nada”. Lo que, obviamente, tiene serias consecuencias, diferentes de acuerdo a quien las sufra.
Algunas personas eligen imponerse una meta económica o profesional para poder en algún momento cruzar a la vereda de enfrente, en donde podrían disfrutar de todo lo ganado... sea dinero, prestigio o vínculos familiares.
Otros aseguran sentirse capacitados para seguir con su tarea eternamente hasta que “las neuronas lo permitan”. Otros toman al retiro como un premio a su esfuerzo de toda la vida y eligen dedicar más tiempo para ellos mismos, a veces sin variar demasiado su rutina habitual, y otras yendo al encuentro de las cosas que toda la vida habían postergado.
El concepto de retiro es muy variable. Existen quienes aseguran querer “seguir trabajando, pero esta vez de abuelos” y también quienes dedican su esfuerzo y el recién ganado tiempo libre a la solidaridad, ayudando a quienes los rodean y necesitan.
Pero también están los que se resisten firmemente a que alguien les diga que hacer, sobre todo en los casos en que no se haya visto una merma en el rendimiento laboral, y eligen hacer caso a la reglamentación pero dedicándose a seguir en lo suyo, trabajando por cuenta propia.

Algunos Consejos para Encarar la Jubilación:

-Aproveche para ocupar su tiempo en las cosas que siempre quiso hacer y había postergado en aras del trabajo, o los hijos.
-No caiga en el error de decir “ya es tarde para hacer esto” o “a esta edad me voy a poner a hacer lo otro”.
-Ocúpese de usted y no se sienta obligado a cumplir con las demandas de los demás, de aquellos que aparezcan diciendo “ahora que no tienes nada que hacer...”
-Si lo necesita y quiere, siga frecuentando las amistades que tenia en el trabajo. El hecho de haberse retirado, no quiere decir que tenga que perderlos.
-Comparta sus sensaciones con personas que hayan pasado por lo mismo. Hágalo también con su familia y, sobre todo, no se encierre en usted mismo.
-Disfrute de las libertades que tiene la edad. Menor responsabilidad en el cuidado de los hijos, mayor desenvoltura sexual, el teatro, el cine, etc.

La jubilación no es ni más ni menos que otra etapa de la vida. En realidad, no es el fin de nada, sino un cambio fuerte en muchas cosas y el comienzo de una nueva etapa que puede ser mejor que la anterior.